Caligrafía

La identidad de las naciones son construidas normalmente desde la elite. Son varios los letrados que en la Argentina del XIX vieron su tarea en la elaboración de una identidad nacional. La literatura les permite imaginar con libertad la Nación, revisar agravios y éxitos, dibujar una fisonomía a sus habitantes y relacionarlo con el territorio, así como marcar un destino. Tanto la realidad que nos narran como el destino deseable que enuncian son partes del programa político que construyen. La identidad nacional es construida de forma diferente según el autor y la posición ideológica desde la que la construye. Lo podemos ver en las diferentes visiones de la identidad de Faustino Sarmiento y de José Hernández, uno desde la ideología liberal y otro desde la conservadora.


 


 

 

La identidad nacional argentina construida desde el proyecto liberal de Sarmiento: El Facundo, el Martín Fierro como respuesta y la posibilidad de continuar con el proyecto liberal.

David Viñas, uno de los más importantes teóricos actuales sobre la literatura argentina ha tratado en muchos de sus trabajos las construcciones de la identidad nacional desde la elite argentina. En sus estudios analiza la relación del escritor con la política, resaltando la importancia que tiene en la literatura argentina la temática política. En la propia novelística de Viñas  se hace hincapié en este aspecto político de la literatura. La novela de David Viñas Los dueños de la tierra (Viñas 1984) se revela como antítesis o denuncia de la literatura oligárquica y nacionalista argentina. En este libro Viñas narra la historia de la represión de las huelgas obreras en la Patagonia por el ejército.  El primer capítulo de la novela se titula “1892” y en él Viñas narra una cacería en donde las presas son hombres, indios. Un personaje, un oligarca, el dueño de la tierra, que acompaña la expedición, reclama otros métodos más ordenados. Pero deja hacer a aquellos políticos, militares o intelectuales a los que la elite encarga la defensa de sus intereses. En el libro de Viñas la cacería de indios es comparada a la de los lobos marinos o guanacos.  En el último capítulo, de la fila de obreros que van siendo fusilados, escapa uno: “¡Se escapó el indio!” (Viñas: Los dueños de la tierra, pág. 257). El indio corre intentando escapar. Le persiguen. Se repite la caza del indio. Esta vez se compara con la caza de la  liebre. Dos cacerías – la de hombres y animales– son comparadas continuamente a lo largo del relato. Dos momentos históricos (1892, fecha en el que el problema indio es ya sólo un recuerdo y van siendo recluidos en las reservas o asignados como empleados de las familias blancas de las ciudades, y 1921, año de la represión de la Patagonia trágica) a los que Viñas enlaza con un hilo. El indio o el anarquista son el otro a eliminar. Atrás se queda el oligarca, que puede estar disconforme con los métodos empleados por “sus muchachos” aunque el objetivo es el que él mismo pretende. El hilo argumentativo de la obra de Viñas es la presencia del oligárquica detrás de la escena y el uso que éste hace de intermediarios para hacer valer sus intereses. Los intereses de la oligarquía se confunden con los de la nación o del progreso. Ante esto todo lo demás es accesorio, se adapta o se doblega.

Caligrafía En el presente trabajo voy a analizar la concepción de la nacionalidad argentina en el siglo XIX relizada por Faustino Sarmiento en su libro La vida de Facundo Quiroga. Sarmiento presenta en esta obra, considerada ensayo y novela al mismo tiempo, una imagen de una argentina liberal, en donde unas figuras han de ser los cazadores y otras la cacería a ser doblegada. Después de un análisis de la obra de Sarmiento y de la presentación de su sociedad imaginada voy a dedicarme a la obra  de José Hernández El gaucho Martín Fierro. Este libro a de ser considerado como una critica a la imagen de Argentina de Sarmiento. Hernández presenta otra argentina con otros cazadores y otra cacería. En el ultimo capitulo voy a comparar las posturas de estos dos escritores y de sus principales obras, que han de ser consideradas como dos obras iniciales de la literatura argentina, que como tales forjan la identidad nacional.  Me centraré en el tratamiento que hacen los autores, incluyendo o excluyendo, valorizando o denigrando a los posibles protagonistas de la nacionalidad argentina, entre ellos: gauchos, inmigrantes e indios.

I. El Facundo: El proyecto liberal de Sarmiento

1. Una formula para persuadir al lector en el Facundo: entre el ensayo y la novela

Ya desde un principio en la “Advertencia del autor” Sarmiento recurre a una puntualización que crea realismo y predispone al lector a creer en los datos y argumentos a los que va  a recurrir a lo largo de su obra. En esta introducción Sarmiento da la razón a aquellos lectores que le han ofrecido correcciones por inexactitudes en su obra, pero después de hacernos presente su modestia, nos señala, que en lo esencial hay una exactitud intachable en todas sus informaciones. Muy al contrario, los datos que Sarmiento ofrece no son tan intachables como el autor hace creer, pues continuamente vemos que para justificar sus opiniones y darle peso a las informaciones que utiliza recurre a anécdotas y retóricas propias del relato ficticio.

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Para reforzar su estrategia Sarmiento invita al lector a cotejar lo que dice con los documentos públicos en los que dice basarse. Pero es dudoso que unos documentos públicos puedan ofrecernos caracterizaciones personales que describan en profundidad la sicología de sus protagonistas. Estas caracterizaciones van más allá del genero de los documentos informativos. Notamos claramente que estos complementos provienen del autor mismo. Sería en verdad un buen tema de investigación, para alguien que pueda tener acceso a dichos documentos y pueda analizar de que manera y hasta que punto Sarmiento complementa los documentos en los que él dice basarse. A la espera de esta investigación podemos afirmar que el recurso de fundamentar sus argumentos en fuentes documentales aportan a este escrito un alto grado de verosimilitud, aunque en ninguna parte nos señale donde se encuentran, ni en notas al pie de página ni en una bibliografía.

 

No, no se trata de una investigación en toda regla, ni es esta su intención, si bien el autor hubiese sido muy capaz de desarrollarla. Se trata de una novela que para eludir su ficción se confunde, a traves de la forma del ensayo, con la crónica histórica. De esta forma Sarmiento encubre su intencionalidad política explícita y  la intención de fundar una identidad nacional. Esta identidad deseada por Sarmiento se formula recurriendo a la herencia que ha dejado la historia en el país. El resultado de ésta es un amalgama de indio, español, criollo, negro y mestizo. Sarmiento introduce al inmigrante como una figura que trae la esperanza a la Argentina. Los inmigrantes europeos son los destinados a llenar ese vacío, más que demográfico, de civilización del que adolece la Argentina. 

2. Objetivo político del Facundo

El Facundo de Sarmiento se trata de un escrito político con un objeto explícito, el de denunciar la dictadura personal de Rosas, y con un motivo implícito, no enunciado: la formulación de la identidad argentina y las bases teóricas para una literatura argentina.

Para dar forma a la identidad argentina deseada Sarmiento trabaja con dualidades.  Primero trabaja con la separación entre ciudad y campaña, luego le añade a esta dualidad el par civilización y barbarie, gente educada y chusma. Esta dualidad llega incluso a la polarización  entre blancos y no blancos. Estas juegos  de parejas contrarias son núcleo sobre el que gira toda su argumentación.

 Como ya indicamos el objetivo político de la obra es descalificar el despotismo de Don Manuel de Rosas, restarle apoyos, negarle aquellos que recibe por haberse declarado “federal”. Sarmiento  niega a Rosas la posesión una ideología y señala el carácter personal de su poder. Carácter personal que es el carácter de un pueblo ejemplificado en la figura de Facundo Quiroga. Esta figura es incapaz de someter sus actos como persona y como gobernante a una regla. Facundo superpone a estos dos personajes, Rosas y Facundo. La arbitrariedad de Facundo es para Sarmiento, en esencia, la misma arbitrariedad que ejerce Rosas en el gobierno de Buenos Aires. Quiroga es el hombre del campo –un gaucho–, que con sus hombres de a caballo, la montonera, amenaza la ciudad, símbolo de civilización.

3. Momento histórico: Del conflicto político al conflicto socialCaligrafía

Sarmiento escribe después de la Independencia haciendo ver que la revolución que debía traer los aires de libertad fruto de las ideas de la Revolución Francesa fue postergada. Pues la Revolución se veía reconducida a una larga guerra civil, que si en un principio estaba ocasionada por divergencias en cómo se debía organizar la estructura del Estado y cómo  definir la Constitución, la contienda entre federales y unitarios fue aprovechada, según Sarmiento, para traer a la palestra otra contienda mucho más fundamental: la que se establece entre civilización y barbarie. Después de un primer momento de unidad frente al enemigo común (la monarquía española), surgen los dos partidos opuestos, pero un tercer grupo entra en escena.  Este tercer grupo, que en la anterior lucha no se manifestaba, es el partido que lucha contra la autoridad misma. Frente a este tercer grupo, Sarmiento exige la unidad de los otros dos partidos. Esta nueva lucha se entabla entre el partido europeo (que ha de formarse de los restos de los otros dos partidos, dejando atrás las contiendas por el tipo de configuración del Estado) y el partido americano. Como Sarmiento dice: “No se querellaban por formas de gobierno, sino entre la parte civilizada de las ciudades y la parte bárbara de las campañas. La lucha parecía política y era social”.[1]

Para Sarmiento la identidad argentina, por americana y salvaje, es una forma de ser que necesita ser pulida. De la misma forma que los campos dan frutos cuando se trabajan, la población argentina debe ser cultivada. El desarrollo económico y la difusión del progreso (trabajar las tierras, relegando el pastoreo –ganadería extensiva–, cercando los campos con vallas de espino, aprovechando sus ríos) han de venir según Sarmiento de la mano de la transformación del carácter salvaje del argentino, poniéndole a trabajar, haciéndolo vivir en ciudades o municipios, conectándole con la prensa, haciéndolo pasar por las escuelas y sobre todo haciendo qué aprenda en que consiste la cosa pública. Sarmiento no aprecia el mundo del gaucho, que vive en casas dispersas, sin formar municipios, que no desarrolla una agricultura para la comercialización y que como labor ejerce una ganadería de arreo y rodeo.

4. Sarmiento escribe desde fuera del país, desde Chile.

Sarmiento se hace partícipe en los acontecimientos políticos de su país, primero en la "Advertencia", luego en la "Introducción" y más adelante en varios pasajes de la novela. En la primera participación se dirige a los lectores para hacerse perdonar por las inexactitudes, pero reafirmando lo esencial de la argumentación. En la introducción, más detalladamente, puntualiza que se encuentra exiliado, como se encuentra “exiliada la cultura y la prensa libre de la Argentina” (Facundo: Introducción) por el bárbaro despotismo de Rosas. Nos recordará a lo largo de toda la obra que se encuentra fuera de su Patria, de la Argentina, en un país extranjero, Chile, donde sí se puede hablar y decir con libertad lo que uno piensa.  Es en Chile[2] donde Sarmiento se dedica a recopilar la información, donde se entrevista con los otros exiliados que van llegando para que le cuenten que es lo que está ocurriendo dentro del país.

5. Portavoz del partido de la Civilización

Caligrafía Sarmiento se erige como el portavoz del partido de la Civilización, de la que él y su pluma son todo. Con su pluma recurre, cuando le interesa, a determinados próceres (Rivadavia, San Martín) y convierte a otros en sus enemigos. No necesita de nadie más. Cuando intenta tomar partido en los hechos, como su participación en la campaña de el Ejército Grande, se arrepiente rápidamente de verse inserto en esa guerra civil  a su gusto interminable y que considera por si misma bárbara. En vez de participar en la lucha prefiere escabullirse y se aleja. Parece encontrarse a sus anchas lejos de los acontecimientos.

En esa labor que emprende por la civilización utiliza como única arma la pluma, pero más importante que ésta le resulta la imprenta, pues ésta fija  sus pensamientos y facilita su distribución. Sarmiento trata de formar a la opinión pública, que no son todos, ni siquiera la mayoría. Son sólo unos pocos. Aquellos que tienen acceso a la prensa extranjera y son letrados, pero también aquellos extranjeros a los que quiere hacer que comprendan la situación dramática de Argentina, para que influyan en sus gobiernos en contra de la tiranía.

 6. La sociedad imaginada de Sarmiento

Mediante el periódico va creando una comunidad imaginada al llegar a algunos letrados  y hablar de los argentinos como si fuesen una realidad en sí. No se puede recurrir a la proximidad del trato, se ha de crear esta ficción, olvidando que uno no llega a la mayoría analfabeta. Por ahora el pueblo puede que permanezca ajeno a la idea de nación, quizás sus identificaciones coincidan más con lo local o provincial. Más difícil es considerar que los miembros de las tribus indias se consideren a si mismos como argentinos. Puede Sarmiento quererlos asimilar ya que los considera como un ingrediente más que se suma al ser argentino.

Sarmiento acepta esas aportaciones, aunque de los indios prácticamente no quiere nada y de los negros sólo agradece el que vayan perdiendo su oscuridad al mezclarse. Sarmiento reconoce a los negros por haber participado en la guerra de la independencia; por ejemplo, nos nombra al coronel Barcala como un negro ilustre que tomó parte en la guerra de la independencia.Caligrafía

Sarmiento concibe que los distintos componentes raciales (españoles, indígenas, negros, europeos y sus mezclas) han ido aportando las características que les son propias al argentino dando como resultado un todo homogéneo en el que prevalece la ociosidad y la incapacidad para ejercer toda industria. Él mantiene una imagen pesimista del gaucho, fruto de todos esos cruces y del ambiente. De tal estado el argentino sólo puede salir mediante la educación o por la exigencia, fruto de una mayor posición social.  Sarmiento insiste en que por medio de la educación se puede llegar a modificar las características de un pueblo. Su nacionalismo no es del que recurre al pasado para legitimar el presente, su actitud es la de un forjador de una identidad nacional, que analiza los ingredientes con los que cuenta y las aportaciones de cada uno de ellos, observa sus pros y sus contras, busca del exterior ingredientes que aporten beneficios (inmigración) y busca métodos (educación, trabajo) para modificar lo que resulta contraproducente. No ve ningún peligro en recibir inmigrantes, sino que al contrario ve que el gobierno debe favorecerlo. Tampoco ve peligro en que estos posean una lengua diferente al castellano o profesen otra religión. Postula una nación abierta y tolerante con las otras religiones, adoptando las legislaciones al respecto de las naciones civilizadas que abogan por la “libertad de culto”. La migración le parece beneficiosa dado que incrementaría la población y favorecería el progreso de la agricultura y la industria.

Sarmiento tiene la intención de fundar una literatura nacional y en el Facundo introduce el programa al que se podría adscribir ésta. Quiere emular la literatura norteamericana del tipo de El último de los Mohicanos de Fenimore Cooper que narra la guerra entre los indígenas y la raza sajona. Aduce que los elementos con los que cuenta Argentina son los mismos. La misma lucha, el mismo paisaje y semejantes personajes. Los indios serían los otros, los enemigos de esas historias, el obstáculo a sortear o el salvaje a domar.

Sarmiento nos enumera los personajes que podrían entrar a formar parte de esa literatura nacional:  el rastreador, el baqueano, el gaucho malo y el cantor (Facundo: cap.2 "Originalidad y caracteres argentinos"). Son personajes desempeñados por blancos, criollos y específicamente gauchos. También los desea ver desaparecer, convertirlos en personajes de novela, en épica. Sin embargo sus papeles serán de protagonistas dentro de un escenario constituido por amplios espacios abiertos (cuando Sarmiento pretende verlos delimitados ya sea por zanjas o alambrado) y ganados e indios en estado salvaje. Un espacio temible en el que el hombre sólo, sin la protección que ofrece la civilización, se llega a parecer a él al intentar adaptarse al medio. Lugar de aventuras y peligros que quiere alejar de la realidad.

Sarmiento en la construcción de su sociedad ideal argentina no se preocupa por dar preeminencia del castellano y de la religión católica, elementos que identifican al criollo y forman parte de la identidad del gaucho. Sarmiento considera la lengua y la religión como fundamento de la identidad, pero se niega a establecer una Inquisición para defenderla. Argumenta que los conservadores, los que claman por la defensa de estos valores esenciales de la argentinidad, lo único que buscan es poner obstáculos al progreso.

Sarmiento no cree que su Nación y la raza que lo integra sea la mejor, pero sí cree que estas están destinadas a desempeñar un gran papel, un “destino manifiesto” entre las naciones civilizadas del mundo, para cumplir ese papel es muy importante moldear la raza.

CaligrafíaSarmiento culpa de la decadencia racial a la incorporación de los indígenas. Pues para Sarmiento estos viven en la ociosidad, siendo incapaces de dedicarse al trabajo duro sino es por medio de la compulsión. Habla de la “mala sangre” de a la aportación india, contraponiéndola a la “buena sangre” blanca. Sarmiento construye así su autobiografía, preocupándose por no ser tomado por descendiente de indios o por mulato. Es la misma preocupación de la Argentina en crearse una imagen blanca y europea, y que la metrópolis la considere como tal, como un país respetable, despegado de la América.

Es importante ver que Sarmiento nunca se define como particularidad, sin embargo a los indios grupalmente los considera una particularidad sociológica que en ningún caso porta la totalidad humana. Sarmiento se incluye en el bando del progreso, de la civilización, en la raza blanca, que porta el estandarte del desarrollo de la Humanidad. Por el contrario, para Sarmiento, los indios en todo lo que hacen no muestran nada que se asemeje a la civilización: Si portan banderas las considera harapos, si tienen estrategias de ataque las llama malones, sus lenguas son dialectos y sus jefes son caciquejos. Se trata de denigrarlos antes de hacerlos desaparecer. Hacer  visible que no se pierde nada y que su destino se lo merecen. Incluso en el tratamiento de sus cuerpos es necesario su denigración, son torturados, cazados, muertos.

Sarmiento da mucha importancia a los símbolos, a la bandera, de la que resalta que “los colores argentinos son el celeste y blanco” que simbolizan  “la paz y la justicia para todos”;  el escudo, del que se eliminan los trofeos guerreros, “dos manos en señal de unión sostienen el gorro frigio del liberto”, son las ciudades las que sostienen la unión (baluartes de la civilización frente a la campaña bárbara). Al color le concede un valor simbólico, los soldados del ejército, visten azul oscuro, a la europea. Al contrario los ejércitos de Rosas y sus montoneras visten el color "colorado", enarbolan una bandera negra, son colores de naciones bárbaras, de piratas. Son símbolo de la violencia, de la sangre y de la barbarie nacionales (Facundo: cap. 8 "Ensayos").

Sarmiento resalta en su libro (Facundo: cap.8 "Ensayos") el carácter simbólico que posee el traje en una civilización: El "frac" es el traje de la civilización europea. Para conocer al grado de barbarie a que se ha llegado en una determinada provincia preguntará al recién llegado al exilio que cuantos hombres visten frac, cuantos a la manera civilizada y con sombrero de copa. Mientras Sarmiento apoya el traje de la ciudad y de la civilización, los rosistas tratan de establecer un vestuario que va en contra al gusto de la gente de la ciudad.  Los rosistas imponen su símbolo entre la gente de la ciudad, humillándola. El símbolo obligatorio de vestimenta es  la cinta colorada que viene a expresar la uniformidad de opinión. El símbolo utilizado como método de uniformización y acatamiento al tirano. A este símbolo se le suman «el retrato del Restaurador sobre el corazón en señal de amor intenso y los letreros “mueran los salvajes inmundos unitarios”» (Facundo: cap.8 "Ensayos").Los rosistas son el partido americano que usa «pantalón ancho y suelto, el chaleco colorado, la chaqueta corta, el poncho, como trajes nacionales, eminentemente americanos» y que combaten todo lo llegado de Europa (Facundo: cap.8 "Ensayos").

7. El mapa nacional

En el primer capítulo nos señala una idea que va a estar presente en toda la obra: La tesis de que el aspecto físico de la República Argentina engendra unos determinados caracteres, hábitos e ideas.

CaligrafíaEn primer lugar Sarmiento nos dibuja el mapa de Argentina (Facundo: cap.1 "Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra"), nos señala los límites: Al sur, termina el continente en el Estrecho de Magallanes; al oeste, paralelos a la costa del Pacífico, los Andes chilenos; al este se extiende las Provincias Unidas del Río de la Plata, encontrando su límite en el Atlántico y el río Uruguay; y al norte delimita con el Paraguay, el Gran Chaco y Bolivia. Su extensión es enorme y sus paisajes son inmensos. El desierto aparece aquí y allá, en su mismo interior. Una Argentina que contiene todos los climas, desde el tropical de las zonas boscosas del norte al interludio de zonas de selva y pampa en el centro, y al sur triunfa la pampa. Una inmensa llanura y un amplio horizonte. Este paisaje configura el tipo de poblamiento, disperso, las ciudades escasean y la población, además, es escasa. Se agrega  que no todo el territorio se encuentra controlado, al norte y al sur “asechan los salvajes”, tribus indias campan a sus anchas en tierras que consideran suyas.

Descripción que interrumpe para señalarnos la necesidad de poner a producir todas esas tierras asignando a cada una de ellas la producción agrícola para las que sean más propicias y según sea la demanda en el mercado internacional. La necesidad de introducir una economía de exportación, que busque crear la base para la industrialización y la creación de un mercado interno (Facundo: cap.1 "Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra").

La configuración geográfica impone una configuración política, a una extensión tan enorme, pero a su vez tan carente de límites, de montañas que la crucen; a una configuración hidrográfica que se vuelca en el Atlántico, concentrando los cauces de los ríos en el de la Plata, de una configuración unitaria. Y el centro debe estar en Buenos Aires, monopolio que le corresponde por su localización en la desembocadura del Plata. Para Sarmiento la función de Buenos Aires sería difundir desde su posición privilegiada la civilización, llevando el progreso hacia el interior por el curso de los ríos que habían de hacerse navegables.Caligrafía

La geografía argentina, como hemos venido viendo en el Facundo, modela el carácter[3] del argentino Sarmiento se lo imagina solitario, con miedo por los peligros que le acechan. Compara al gaucho con la gente de las estepas asiáticas, en sus hábitat dispersos, con su nomadismo, caravanas  y sus especificidades culturales y de vestido. Al igual que estos en el gaucho no se ha desarrollado una autoridad civil que trate de lo público, sino que la autoridad la asume el más fuerte, el que logre mayores proezas al caballo, una autoridad personal basada en el carisma. Ésta misma autoridad legitima sus decisiones ante los demás, no necesitan basarse en reglas generales y en un sentido de justicia, ni siquiera en la tradición, como hacen las tribus asiáticas, sino en la mera voluntad personal. Es la autoridad que posee el capataz que le permite castigar sin que se le contradiga, basándose en la fuerza, ejerciendo una autoridad sin límites ni responsabilidad, sin necesidad de formas ni deliberación.

Sarmiento nos enuncia su programa desarrollista resaltando las posibilidades del país dada la abundancia de recursos, demandando que el gobierno asuma éste proyecto, que realice las labores de infraestructuras necesarias para dar salida da a los productos del interior, facilitando la navegación de los ríos argentinos, resolviendo los desniveles que encuentran en su curso y creando una flota. Los ríos que darán salida a la producción (se centra en la producción agrícola como fundamento para el desarrollo, cubriendo la demanda de las metrópolis europeas) por medio del puerto de Buenos Aires, que él desea federalizar, lo que significa desgajar a la ciudad de su provincia y transformarla en la capital de la República, separándola de las envidias entre provincias.  

II. Una respuesta al proyecto liberal de Sarmiento: El martín Fierro de Hernández

1. La sociedad imaginada de Hernández: el gaucho

En su obra Hernández contesta al proyecto de Sarmiento haciendo ver que no se puede dejar de lado al gaucho, pues este es la figura principal del pueblo argentino. Hernández expone la tragedia del gaucho: El gaucho que ha participado en la Independencia y es ahora denigrado por la Elite y convertido en un delincuente.  Hernández quiere con su obre rehabilitar al gaucho en la sociedad argentina. ¿Pero qué posición tienen los otros pobladores del mapa argentino), ¿Que es del indio, también denigrado por Sarmiento?. Aquí vemos en Hernández como éste también rechaza al indio, incluso más de lo que hace Sarmiento.

Mientras Sarmiento en su proyecto de educación acepta a todos los ingredientes del pasado constituyentes de la nación Argentina (el indio, el gaucho), para Hernández en el Martín Fierro no es así, pues los indios son completamente ajenos a su Argentina. Solamente el gaucho es como blanco y cristiano fundamento de la nacionalidad argentina.

Pero noo solo el indio sino también los extranjeros (vascos, gringos, inglés,...) no pertenecen para Hernández a la realidad argentina. No vemos en el Martín Fierro ningún alegato dirigido a atraer la inmigración europea. Hernández exige que desde el Gobierno se promueva, o por lo menos no se pongan trabas (eg. : la obligación de la leva que obliga al gaucho a dejar el cultivo de sus tierras y el cuidado de su familia) a que el gaucho, que fue el pionero en la colonización, ponga a producir las tierras.

De la obra de Hernández se trasluce un nacionalismo tradicional y conservador en comparación con el nacionalismo liberal de  Sarmiento. Hernández no recurre al argentino del futuro, sino al argentino del pasado, a la historia y a la raza, a la comunidad de origen, a la herencia de los colonizadores hispanos. Los criollos son los que aportan la identidad a la Nación con su lengua y religión. Hablar “castellano” o hablar  “cristiano” viene a ser para Hernández lo mismo. Tanto la lengua como la religión les hace diferentes de los recién llegados, los inmigrantes. Martín Fierro sabe que estos recién llegados, aunque blancos, no son de los suyos. Es por eso que no se preocupa por sus destinos: “Era un gringo tan bozal,/que nada se le entendía-/¡Quién sabe de ande sería /Tal vez no juera cristiano;/pues lo único que decía /es que era pa-po-litano. (El gaucho Martín Fierro: Hernández  850)”.Caligrafía

Hernández también hace referencias a la influencia de la geografía, del medio, en el carácter nacional. También se queja como Sarmiento de que la mayor parte del territorio argentino no fuese más que un enorme terreno baldío, con sus recursos desaprovechados y donde el hombre no siente más que inseguridad de su propia vida, de su propiedad y de su sustento. Vemos la resignación ante la muerte violenta o ante las pérdidas con que dan o reciben muerte: Martín Fierro, en una pelea, dará muerte a otro gaucho, cometerá una "desgracia" y marchará a esconderse de la justicia, pero sin rastro de arrepentimiento. Será arrastrado de su casa y perderá mujer e hijos, con sólo una queja por su infortunio y por la arbitrariedad de la autoridad. Nos retrata a un hombre que carece de lazos sociales más allá de la familia, que no participa en la sociedad política, que vive en soledad, en el miedo, en la “guerra de todos contra todos” que nos dice Hobbes, ante la ausencia de un poder civil que regule su conducta. Pero ésta es para Hernández la situación, el drama, a la que ha llevado el mundo liberal de Sarmiento al personaje originario de Argentina, al gaucho. Su épica al gaucho Martín Fierro es para él un paso para reivindicar a esta figura propia del mundo argentino.

III. Sarmiento y Hernández: dos conceptos de nacionalidad

1. La Nación unidad simbólica.Caligrafía

Ahora podemos concluir con la comparación de las distintas maneras de entender la identidad argentina que mantienen los autores analizados. Podemos ver, que mientras que el principio de identidad nacional en Hernández es la raza y la lengua, en Sarmiento es la ciudadanía. Sarmiento no recurre a fundamentos esencialistas. Su nacionalidad es una nacionalidad “cívica”, siendo el Estado quien la otorga. Como dice Althuser se ha pasado del tándem  familia - Iglesia al tándem familia - escuela[4]. No obstante Sarmiento pretende un futuro común para los argentinos, ya los concibe como una unidad de destino. No es un mero nacionalista, el se ocupa de crear la identidad nacional, es su mentor, como si poseyera la sabiduría necesaria para entender, como indica Weber, que “la nación no es una realidad dada sino en desarrollo, un modelo de algo que debe construirse y que, al propio tiempo se considera una realidad por razones políticas”[5].  Como intelectual se anticipa a la conciencia nacional. Por el contrario Hernández se refugia en el pasado. Sarmiento busca sustentar su nacionalidad en el futuro ciudadano, Hernández en el gaucho, en el pionero. Los dos coinciden en desechar al indio como base para la nacionalidad: Sarmiento mediante la educación , Hernández ignorándolo.

Todo esto nos remite a una lectura del nacimiento de la identidad nacional argentina, que desechando esencialismos, nos muestre un continum en el que estas dos obras literarias formen parte como hitos fundacionales. Me refiero a que como formula Connor[6] debemos datar el proceso de construcción de la nación en tiempos muy posteriores a lo que se viene entendiendo. Esto se debe a que la mayor parte de la población tardó mucho en asimilar la ideología nacionalista. Puede que ciertas vanguardias poseyeran esa conciencia nacional desde mucho antes pero no la masa analfabeta, cuya identificación estaba relacionada con entidades mucho menores. Es el establecimiento de instituciones educativas y la alfabetización lo que hace posible la extensión de la conciencia nacional a las clases populares. Esto nos indica, por una lado, su construcción por parte de la elite y, por otro, que sólo es posible referirnos a la existencia de una conciencia nacional cuando dichas instituciones se generalicen a partir del siglo XIX.

2. El indio: el enemigo común de la élite argentina

Como indica David Viñas en Indios, ejercito y frontera, tanto por medios militares, legales o simbólicos (por medio de la literatura, pero también en la legislación o en las modas), se trató de negar al indio su existencia. No era sólo que se le descalificara sino que se omitió en la historia oficial su participación. No se trata de rehacer la historia para fabricar una mistificación del indio, sino de acercarnos a su realidad o por lo menos quitar velos. Nos encontraremos con una imagen ambivalente, de oposición y de colaboración con el Gobierno: Por un lado los indios roban y son robados (a los malones  indios se contraponen los malones blancos, sin desconocer el malón entre indios o el malón entre cristianos); luchan por sus tierras y también se las cambian a los blancos  por alhajas;  hacen cautivas a las cristianas y también las indias terminan como cautivas de los cristianos;  son perseguidos pero a su vez los vemos actuar  en calidad de “indios amigos” como vigilantes de los condenados a trabajos forzados en la frontera, como empleados, o incluso formar parte del ejercito como primera línea en las guerras entre blancos, o en la represión de las huelgas (los cosacos en la policía). El vencido pasa muchas veces a desempeñar papeles de guardián para el vencedor.  La victoria no es sólo militar (propiciada por los rifles remington y la emulación de las tácticas indias de ataques por sorpresa) sino simbólica, se trata de lograr que se sienta vencido, que asuma que lo propio es salvaje (sus dioses, tradiciones, atuendos  y lenguas) y lo del otro civilizado.

Todo esto dio como resultado el silenciamiento del indio, a que fuese admisible que se diga que en la Argentina no hay indios, o que los que habían se sumaron espontáneamente a la civilización. Nadie se sentía descendiente de indios salvo que se pretendiese recuperar en la genealogía de algún inca.

IV. Conclusiones y reflexiones sobre la posibilidad de ampliar el proyecto de la modernidad

En este ultimo capitulo quiero ir mas allá de la reflexión sobre la identidad argentina de Sarmiento para ver en que sentido el proyecto liberal, el proyecto de la modernidad, que instaura Sarmiento puede ser recuperado, pero de una forma revisada: es decir, sin caer en las falacias de la modernidad. En el caso de Sarmiento se ve claramente que la falacia del pensamiento liberal era creer en una sociedad moderna donde la tradición y los personajes del pasado podrían ser dejados de lado, o mejor dicho, aniquilados. El proyecto de Sarmiento no se proyecta hacia pasado, sino mirando al futuro. Y este futuro ha de hacerse para Sarmiento con el emigrante.

La critica de Hernández a la imagen de Argentina de Sarmiento hace ver que la Argentina no puede hacerse una sociedad moderna estableciendo una tabla rasa con el pasado. Si esto hace Argentina perderá su personalidad, su originalidad. La propuesta de Hernández es construir una Argentina desde los pioneros, los gauchos.Caligrafía

Por su parte el Martín Fierro se ha convertido en el “poema nacional argentino” que se recita en las escuelas impregnado de su racismo frente al indio y salvando al gaucho con su actitud paternalista. Reivindica al gaucho, tan maltratado según él, por los liberales. El gaucho que colonizó esas tierras y que lucho por la Independencia ha sido, para Hernández, denigrado. Hernández hace una loa al gaucho para hacer ver que el liberal se ha olvidado de la tradición y del pasado propio del argentino, ¿Pero y el indio? También en Hernández el indio es rechazado y no es considerado como parte de la nacionalidad argentina. En El gaucho Martín Fierro Hernández ve en el indio una rebeldía que valora y hace compatible con el gaucho. En la Vuelta el mundo indio es totalmente incompatible con el gaucho que debe volver al mundo blanco. Hernández pasa de una visión romántica del indio a sentenciar el fin de su mundo. Sarmiento considera la posibilidad de un indio educado, pero no de su mundo, es un indio asimilado.

Un liberalismo que reflexione sobre sus falacias deberá dar cuenta de las criticas realizadas. Así pues, de la critica realizada por Hernández:Un nuevo liberalismo habrá de integrar al gaucho. Pero no solo la critica de Hernández, sino también otras criticas desde otras perspectivas han de ser consideradas. Y aquí tenemos la figura del indio que ha sido escasamente recuperada por la elite argentina. Tal vez en Viñas encontramos un escritor argentino que ha sabido, sin apostar por un nuevo mito, delatar la matanza del indio, haciéndolo visible.

Me gustaría terminar reflexionando sobre el futuro del pensamiento liberal siguiendo a los teóricos que proclaman la posibilidad de un liberalismo y una modernidad autocrítica: Guidden habla de la modernidad segunda, Beck de una modernidad reflexiva. Sarmiento sería portavoz de esa modernidad primera, que desde esta perspectiva teórica, cometió muchos errores, pero que en lo fundamental de su proyecto existe un acierto, que consideran necesario apuntalar. Basándonos en este análisis vemos que la única posibilidad de apoyar el proyecto de la modernidad, del proyecto liberal del que es vocero Sarmiento, sería la de hacer una revisión de las construcciones nacionales que se han hecho, percatándonos sobre todo en las figuras que se han querido aniquilar: así el gaucho, así el indio. Sin embargo, la posibilidad de continuar con el proyecto liberal, aceptando las críticas, haciendo partícipes a los excluidos, como pretende Beck, se encuentra con la dificultad de que ante esta postura se recae de nuevo en una suerte de paternalismo, autorreflexivo (que da cuenta de sus errores), pero que en esencia no deja ser al otro y se mantiene como dueño del discurso.

 


Notas.

[1] De “Conflicto y armonías de las razas en América”, D. F. Sarmiento(1883). En “Indios, ejército y frontera”. Anexo: Sarmiento y sus obsesiones sistematizadas. David Viñas (1982).
[2] Volverá al exilio, como nos narra en Campaña en el Ejército Grande, tras darse cuenta que caído Rosas, al ser vencido por Urquiza en la batalla de Caseros, no se ha conseguido más que la sustitución de un tirano por otro. En este otro libro se justifica tanto de su participación en la campaña contra Rosas (forma parte del ejército como boletinero) como de su nuevo exilio tras la derrota del tirano.
[3] Como comenta Benedict Anderson en “Las comunidades imaginadas”, pag 95, en el siglo XIX «...ejercían gran influencia las obras de Rousseau y de Herder, quienes afirmaban que el clima y la ecología tenían un efecto elemental sobre la cultura y el carácter.»
[4] Comentado en “Raza, nación y clase” por E. Balibar e I. Wallerstein, pag 159.
[5] Weber: Peasants into Frenchmen, p. 493. Comentado en “Etnonacionalismo” por W. Connor, pag. 211.
[6] “Etnonacionalismo”. W. Connor

 

Bibliografía:

  • E. BALIBAR E I. WALLERSTEIN. E. Balibar, "La forma nación: historia e ideología"Raza, nación y clase. Madrid. IEPALA, 1991
  • HERNÁNDEZ, José. El gaucho Martín Fierro. Biblioteca Virtual Cervantes. www.cervantesvirtual.com
  • HERNÁNDEZ, José. La vuelta de Martín Fierro. Biblioteca Virtual Cervantes. www.cervantesvirtual.com
  • PIGLIA, Ricardo. La Argentina en pedazos. Colección Fierro. Ediciones la Urraca. Montevideo 1993
  • SARMIENTO, Domingo Faustino. Vida de Juan Facundo Quiroga. Edición de Benito Varela  Jácome. Biblioteca Virtual Cervantes. www.cervantesvirtual.com
  • SARMIENTO, Domingo Faustino. Campaña en el Ejército Grande. Ed. Universitaria de Buenos Aires, 1962.
  • VIÑAS, David. Los dueños de la tierra. Biblioteca Letras del Exilio. Plaza&Janes Editores, Barcelona 1985.
  • VIÑAS, David. Indios, ejército y frontera. Siglo XXI Editores, México 1982.
  • U. BECK, A. GIDDENS Y S. LASH. Modernización reflexiva. Alianza Universidad, 1994.