Creación

Obra escrita por: Andrea Bani y Mariana Gema Sánchez Hernández, con la colaboración de: José Diez

Introducción Esta obra ha sido escrita para ser representada por personajes extracotidianos. Es un espectáculo de payasos y juglar.

Cartel de la obra de teatro: ¿Es tan difícil contar un cuento?



 Los personajes son:


*    Juglar.
*    El Maestro Coccolone (Payaso/a  del tipo Cara Blanca).
*    Tocotó (Payaso del tipo Augusto).
*    Amapola (Payasa del tipo Augusto).
*    Travesuco (Payaso del tipo Contraugusto).



Preámbulo


(Se ilumina el escenario y suena "The Entertainer" de Scott Joplin; salen al escenario
el Maestro Coccolone y Amapola bailando al compás en cadena; se incorpora a la fila
Travesuco que no da pie con bola; sus compañeros intentan arreglarlo, pero no hay
manera. Suena un Gong; se para la música; los payasos se congelan; sale el Juglar a
introducir el espectáculo).


JUGLAR - Niñas y niños, señoras y señores y gentes de todo el universo, a
continuación van a presenciar un humilde espectáculo de payasos y juglar (hace un
reverencia) que esperamos lo disfruten con ilusión y alegría.
¿Ustedes tienen amigos?... Pues de esto mismo vamos a hablar: De la importancia de la
amistad verdadera.
Bienvenidas y bienvenidos a "¿Es tan difícil contar un cuento?".

(El juglar se dirige a la salida; descongela con un gesto a los payasos y sale. Los
payasos se descongelen y siguen bailando pero la música no vuelve a sonar;  miran al
público, se miran entre ellos; el Maestro Coccolone y Amapola salen aturdidos con
prisas; Travesuco se queda en el escenario haciendo su baile sin sentido ni compás; el
Maestro Coccolone entra, lo agarra de un brazo y lo saca del escenario).

COMIENZA EL ESPECTÁCULO.


Acto primero: El Conflicto


(Suena "La danza de las hadas" de Tchaikowsky; sale Amapola con un almohadón,
bailando tímidamente, vestida de princesa; al rato sale el Maestro Coccolone, que se
dirige al público)

MAESTRO COCCOLONE - Había una vez una niña muy guapa y muy feliz; sus
padres eran los soberanos de un reino y la querían muchísimo. La habían apuntado a un
curso de baile y ella no paraba de bailar...

(Amapola golpea al Maestro Coccolone con el almohadón; éste la mira enojado, pero
continúa con la historia)

...el día de su primer cumpleaños invitaron a todo el mundo, pero se olvidaron de invitar
a una de las hadas del reino, que se enfadó muchísimo y mandó una maldición sobre la
niña (coge una aguja): se quedará dormida para siempre cuando se pinche con una
aguja como esta...

(Enseña la aguja; Amapola le da un segundo golpe con el almohadón; para la música;
Amapola se para y mira al Maestro Coccolone con cara de niña buena; el Maestro
Coccolone la mira muy enojado)

... ¡mira que te pincho!

AMAPOLA - ¡No, no, no, no!

MAESTRO COCCOLONE - (Sigue mirándola enojado a Amapola mientras ella
busca la complicidad del público; se dirige al público; vuelve a sonar la música)
Bueno, ¿por dónde iba? (Se mira la mano y ve la aguja) Ah, sí, claro, se quedará
dormida para siempre cuando se pinche con una aguja como esta (Muestra de nuevo la
aguja); pero sus padres cuidaron mucho de que en ningún sitio del reino hubiera
ninguna aguja, para que no se pudiera lastimar...

(Amapola golpea por tercera vez al Maestro Coccolone con el almohadón; se para la
música; El Maestro Coccolone se enfrenta a Amapola, que lo mira con miedo)

... ¡Enséñame la mano!

AMAPOLA - (Espantada) ¡No, no, no, no!

MAESTRO COCCOLONE - (Enojadísimo) ¡Enséñame la mano te digo!

AMAPOLA - (Lloriqueando) ¡Me vas a hacer daño! (Al público) ¡Me va a hacer daño,
lo se yo!

MAESTRO COCCOLONE - (Enfurecido) ¡Vamos!

(Amapola le enseña la mano; el Maestro Coccolone le pincha un dedo con la aguja;
Amapola emite un grito comprimido y muestra su cara de dolor al público)

AMAPOLA - (Con determinación) ¡Lo sabía, me has hecho daño! ¿Estás contento?
(Enfadada, se prepara la cama y se dispone a dormir)

MAESTRO COCCOLONE - Ya se ha quedado dormida y nada podrá despertarla...

AMAPOLA - Todavía estoy despierta, eh.

MAESTRO COCCOLONE - (Respira profundamente, desesperado) ¿Ya se ha
quedado dormida? (Amapola ronca) Sí, ya se ha quedado dormida, y nada podrá
despertarla, (Sube un poco la voz) a no ser que un príncipe... (No aparece ningún
príncipe; el Maestro Coccolone sube un poco más la voz) un príncipe... (No aparece
ningún príncipe; grita) ¡Un príncipe!

(Sale Travesuco, muy emocionado, con una capa azul y una escoba entre las piernas)

... ¿El señor príncipe está cómodo?...

(Travesuco sacude la cabeza afirmativamente y todo regocijado, pero no se mueve; el
Maestro Coccolone está perdiendo la paciencia)

... pues ¡haz de príncipe!...

(Travesuco indica con el dedo que quiere algo)

... de acuerdo, de acuerdo, como quieras...

(El Maestro Coccolone hace un gesto con la mano y comienza a sonar la ouverture del
"Guillermo Tell" de Rossini; Travesuco corre desenfrenado por el escenario con la
escoba entre las piernas imitando su caballo)

... a no ser que un príncipe le de un beso (Mira a Travesuco asombrado; vuelve a
dirigirse al público). ¡Aquí está nuestro príncipe con su caballo! Va cabalgando por el
bosque cuando de repente... (Travesuco no le hace caso; sube otra vez la voz) de
repente... (Travesuco sigue sin hacerle caso; grita) ¡De repente!...

(Se para la música; Travesuco se asusta, y mira al Maestro Coccolone, preguntándose
qué pasa; el Maestro Coccolone se dirige hacia él, le coge la cabeza y se la gira hacia
dónde está acostada Amapola, que también se ha levantado ligeramente, un poco
enojada; Travesuco reacciona emocionado; el Maestro Coccolone sigue contando)

... cuando de repente ve a la princesa durmiendo, y se enamora al instante

(Travesuco va hacia Amapola, pero el Maestro Coccolone lo retiene cogiéndolo de la
capa; lo ayuda a "apearse" de la escoba)

Baja del caballo...

(Travesuco va hacia Amapola, pero el Maestro Coccolone lo retiene de nuevo; le hace
apoyar la escoba a la pared)

... lo ata a un árbol...

(Ahora Travesuco se puede acercar a Amapola)

... se acerca a la muchacha...

(Travesuco acerca su cabeza a la de Amapola)

... y le da un...

(Entra Tocotó haciendo mucho ruido; lleva un triciclo en la mano y un saco colgando
de su hombro)

TOCOTÓ - ¡Perdón! ¡Perdón! He llegado tarde (se dirige un poco sus compañeros,
pero sobretodo al público); es que había mucho tráfico, no sabéis cómo está la ciudad,
hasta arriba de coches; ah, a propósito, me acabo de comprar un triciclo nuevo; es muy
bonito, ¿a que sí? (Muestra su triciclo al público; se sienta sobre él y da una vuelta al
escenario; Amapola y Travesuco lo miran con la boca abierta; El Maestro Coccolone,
desesperado, decide sentarse al fondo y acechar el transcurso de los acontecimiento)
Pero hay mucho tráfico y por eso no he podido estar con mi público antes; gracias,
gracias, querido público... (mira a sus compañeros y estalla en una risa sin poder
contenerse)

AMAPOLA - (Inocente) ¿De qué te ríes?

TOCOTÓ - Es que estáis ridículos así vestidos (Amapola se contrae y se desliza un
poco hacia el fondo).

MAESTRO COCCOLONE - (Hecho una fiera) ¡¿Cómo ridículos?!

TOCOTÓ - (Con un tono chulesco) Sí, venga, ridículos, ya ha pasado de moda el
cuento de hadas (al público) ¿a que sí?

MAESTRO COCCOLONE - (Con determinación) Para que lo sepas, esta tarde vamos
a representar cuentos de hadas.

TOCOTÓ - ¡No, que es aburrido, vamos a jugar al futbol! (Al público) ¿A que es más
divertido jugar al futbol? (Saca la pelota del saco) ¡Venga Amapola! (Amapola,
mirando al suelo avergonzada, hace un gesto de negación con la cabeza) ¿Prefieres ser
una princesa boba? (Amapola levanta ligeramente la cabeza y dice que "no")
Travesuco, pásale la pelota a Amapola (Travesuco coge la pelota emocionadísimo y se
la da a Amapola con las manos) ¡Así no so pánfilo! La tienes que lanzar. ¡Amapola
aquí!

(Amapola y Tocotó comienzan a lanzarse la pelota el uno al otro mientras Travesuco,
emocionado, intenta alcanzarla, pero nunca lo consigue; El Maestro Coccolone, que ha
estado observando lo que ocurría, se va hacia el fondo del escenario enfurecido)

MAESTRO COCCOLONE - (Saca una maza y grita) ¡Ya está!, ahora os vais a
enterar... (Corre con la maza hacia los payasos)

(Suena la "Danza húngara nº 5" de Brahms; el Mestro Coccolone persigue con la maza
a los demás payasos, que oportunamente esquivan los golpes. Al rato suena un gong; se
para la música y todos se congelan; sale el Juglar)

JUGLAR - (Al público) Si hubieran trabajado en equipo habrían contado la historia.
Esto, niños, puede pasar cuando no se trabaja en equipo; he aquí la gran estupidez del
género humano: pelear en vez de buscar soluciones. Contar un cuento es como construir
un edificio. (Queda pensativo) Esto me trae a la cabeza la historia de la Torre de Babel,
la torre que iba a ser la más alta del universo. ¿La conocen?... ¿Quieren que la cuente?
Pues al principio no faltaba fuerza de voluntad ni organización para construir la Torre
de Babel. Pero, con el pasar del tiempo, cada uno quería que su idea fuese más brillante
que la de los demás, cada uno se ocupaba solo de ir más cómodo al trabajo y llegaba
cada vez con más retraso; se crearon enemistades, antipatías, hasta que el objetivo de
construir la torre más alta del mundo ya quedó en segundo lugar. Las cosas hay que
hacerlas bien, con calma, pero con constancia y, sobre todo, ayudándose mutuamente.
Solo así se puede conseguir todo lo que se quiere.

(Antes de irse, el juglar descongela con un gesto a los payasos. Vuelve a sonar la
música; el Maestro Coccolone, tras fallar otras veces, al final consigue darles a
Travesuco, Tocotó y Amapola, que se dirigen al centro del escenario llorando)

MAESTRO COCCOLONE - (Enseñando la maza) ¡Vamos, hay que prepararse!

(Tocotó, Amapola y Travesuco salen llorando seguidos por El Maestro Coccolone)

FIN DEL PRIMER ACTO


Acto segundo


(Sale Amapola cabizbaja, levanta levemente la cabeza para mirar al público pero la
vuelve a bajar; le da una vuelta al escenario en este estado; se coloca en el centro del
escenario, levanta la cabeza y busca con su mirada entre el público)

AMAPOLA - (Con la mano en la cabeza) ¿Hay algún medico en la sala?... Me está
saliendo un chichón en la cabeza.... Está feo eso de pegar, está muy feo y (Se pone la
mano en la cabeza y emite un llanto) duele... (Cabizbaja) lo de ser princesa no es lo
mío... (En voz baja y jugando con los pies) Mi sueño es ser bailarina. (Sube la cabeza y
se dirige al público) Es verdad, soy bailarina casi profesional. ¿A ustedes les gusta
bailar?... A mí me gusta muchísimo (Emocionada) ¡Miren, miren lo que soy capaz de
hacer! (Se coloca en primera posición) Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta.
¡Y miren como giro!... y giro, y giro (Desmelenada) Ah, me estoy mareando pero que
contenta estoy cómo me gusta bailar, bailar, bailar, bailar...

(Amapola está bailando como loca; salen Travesuco y Tocotó; miran a Amapola;
Travesuco queda fascinado y comienza a imitar el baile de Amapola; la coreografía es
esperpéntica; Tocotó se ríe de de lo que hacen sus compañeros)

TOCOTÓ - (Al público) A mí el golpe me ha dejado un chichón en la cabeza pero a
estos dos los ha dejado majaras.

(Sale el Maestro Coccolone gritando)

MAESTRO COCCOLONE- ¡Vamos, vamos!...

(Amapola se paraliza, deja de bailar y detiene a Travesuco)

...Hay que hacer Blancanieves y los siete enanitos.

(Travesuco está encantado, le ha gustado mucho ser  príncipe, y quiere volver a serlo)

TOCOTÓ - No, Blancanieves es aburrida. ¿Por qué no hacemos otro cuento?

AMAPOLA - ¡Sí, sí! Yo me sé uno: el de "Caperucita Roja y los cuarenta ladrones".

(Travesuco, a partir de ahora, va a aplaudir a cada propuesta)

MAESTRO COCCOLONE - No, no es así...

TOCOTÓ - (No le deja terminar) ¿Por qué no contamos otro? El de "Pulgarcito y la
berenjena gigante".

MAESTRO COCCOLONE - A ver, chicos...

AMAPOLA - (No le deja terminar) Y ¿por qué no el de la "mousse de chocolate y la
guitarra rota"?

TOCOTÓ - Y ¿por qué no el del "científico loco y la muñeca a la que le faltaba una
pierna"?.

AMAPOLA - O el del "mosquito enfadado y la vaca tonta".

TOCOTÓ- O el del "alienígena enamorado"...

MAESTRO COCCOLONE - (Ha estado todo el rato escuchando con cara de
enojado, toca el pito que lleva colgado al cuello) ¡Basta ya!

(Los demás se quedan asustados)

He dicho que vamos a hacer Blancanieves y los siete enanitos; (A Tocotó) tú, de
madrastra

(Tocotó sale lentamente y con desgana)

... (A Amapola) tú, de Blancanieves

(Amapola también sale lentamente y con desgana)

(A Travesuco) y tú...

(Travesuco mima la acción de ir a caballo, quiere ser príncipe)

... de enanito

(Travesuco se hunde, y también sale lentamente y con desgana)

¡Vamos, el público está esperando!

(Se va, y desde fuera se escucha)

¡Venga, Amapola, date prisa, ahora sales tú!

(Suena "La danza de las flautas" de Tchaikowsky; sale Amapola, vestida de
Blancanieves; una cesta cuelga de su brazo; mientras, el Maestro Coccolone también
sale, pero deja el escenario a Amapola)

AMAPOLA - (Exageradamente dramática) ¡Me he perdido en el bosque! Mi madrastra
me ha pedido que fuera a recoger fresas, pero ya no sé dónde estoy. Hace mucho frío
(Se pone a temblar exageradamente); tengo mucho miedo (Otra vez se pone a temblar
exageradamente; de repente mira hacia el lado opuesto al que ha usado para salir).
¿Qué veo ahí? ¡Es una casita en medio del bosque! ¡Estoy a salvo! (Pega un saltito y
sale corriendo)

(La música se detiene, y enseguida suena la de los enanitos; sale Travesuco, vestido de
enanito, andando sobre sus rodillas y llevando una almohada al hombro; tiene sueño,
pone la almohada en el suelo, y bosteza; está a punto de dormirse)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Corten!...

(La música se para, Travesuco está asustado; el Maestro Coccolone va hacia el fondo y
coge un pico; se acerca a Travesuco; se agacha para hablarle)

...¡No, no, no! Ahora no puedes dormir, tienes que ir a trabajar con los demás, ¿no te
acuerdas? (Le pone el pico en la mano)

(Travesuco está contento, va a trabajar con el pico; vuelve a sonar la música de los
enanitos; el Maestro Coccolone vuelve a su sitio; Travesuco sale de escena. Cesa la
música. Aparece Amapola en escena como si entrara en la casa de los enanitos)

AMAPOLA - ¡Que casita más mona! Menos mal, porque ahí fuera está empezando a
atardecer, y el bosque de noche es muy peligroso. (Bosteza) Tengo mucho sueño, creo
que me voy a acostar aquí mismo. Buenas noches

TOCOTÓ (Desde fuera) - ¡Manzanas, manzanas! ¡Manzanas muy ricas, recién cogidas
del árbol!

AMAPOLA - ¡Mmm! Una manzanita antes de acostarme no vendría mal, hoy no he
comido nada (Se acerca a la salida). Acérquese, viejita simpática, ¿no tendría una
manzanita para mí?

TOCOTÓ - (Entrando; va disfrazado de vieja; lleva una peluca, que le hace muy
ridículo, un pañuelo en la cabeza y una cesta de manzanas) - ¡Claro que tengo una
manzanita para ti, niña bonita, toma ésta, que es la más hermosa!

AMAPOLA - ¡Ay! Muchas gracias, viejita simpática, espere (Busca en los bolsillos),
espere un momento (Va hacia el Maestro Coccolone) ¿Me prestas un euro?

MAESTRO COCCOLONE - ¿Para qué lo quieres?

AMAPOLA - Para comprar la manzana

MAESTRO COCCOLONE - (Al público) ¡Un euro una manzana, que barbaridad! El
precio ha subido muchísimo... (Reflexiona) ¡¿Eh?!... ¡Pero qué pedazo de zopenca!... (Se
muerde la lengua) Eres la princesa del cuento, Amapola, no necesitas dinero
(Enfurecido) ¡Ve ahora mismo a por esa manzana!

(Amapola corre asustada hacia Tocotó)

AMAPOLA - ¿Me da usted una manzana, viejita simpática?

TOCOTÓ - Claro que sí, niña bonita

AMAPOLA - Quiero decir que me la tiene que dar, (Mira ofendida al Maestro
Coccolone) no tengo dinero con que pagarle.

TOCOTÓ - No te preocupes por esto. Te la regalo, pero me tienes que prometer que te
la vas a comer enseguida.

AMAPOLA - ¡Sí, sí! ¡Tengo un hambre...! Muchas gracias, viejita simpática.

TOCOTÓ - Adiós, bonita. (A parte) Mejor que me vaya, porque si vuelve a llamarme
"viejita simpática"... (Se va)

(Vuelve a sonar la música de los enanitos; sale Travesuco con el pico; está muy
contento; mientras, Amapola trata de esconderse, pero no hay manera; en cuanto ve a
Amapola, o sea, a Blancanieves, para la música, y el enanito hace un gesto de
sorpresa)

AMAPOLA - Perdona, no quería molestar. Es que fuera hacía mucho frío y...

(Travesuco da muestra de que no hay ningún problema, más bien está encantado de la
presencia de Amapola)

...¿Vives solo aquí, en medio del bosque?

(Travesuco dice que 'no' con la cabeza, y enseña las dos manos haciendo el número '7')

...¡Ah! Que vivís siete aquí

(Travesuco afirma entusiasta)

...y ¿los otros seis?

(Travesuco mima el trabajo en la mina)

... Ah, que están trabajando. Yo no tengo que trabajar, soy princesa. (Al público) Las
princesas no necesitan dinero.

(Travesuco mira hipnotizado la manzana que Amapola sostiene en su mano)

...¿Tienes hambre?

(Travesuco dice otra vez que 'sí' con la cabeza)

... Aquí tengo una manzana, (ofreciendo la manzana) la podríamos compartir

(Travesuco coge la manzana entusiasmado, pero interviene el Maestro Coccolone)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Vamos a ver, chicos, esto no sale en el cuento!

AMAPOLA - (Al Maestro Coccolone) ¡Pero tiene mucha hambre!

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ni una palabra más! (Arrancando la manzana de la
mano de Travesuco) El enanito no se puede comer la manzana. Te la tienes que comer
tú (Pone la manzana en la mano de Amapola y vuelve a su sitio)

(Amapola le saca la lengua; el Maestro Coccolone se percata, y se da la vuelta)

... ¡Te he visto! (Vuelve a su sitio)

AMAPOLA - Bueno, lo siento, enanito simpático, esta manzana me la tengo que comer
yo...

(Amapola de un bocado a la manzana; Travesuco la mira y babea; Amapola bosteza)

.... Tengo mucho sueño. ¿Te molesta si me echo un rato?

(Travesuco, hipnotizado por la manzana, dice que 'no' con la cabeza; en cuanto toca la
almohada, Amapola empieza a roncar; la manzana se le escapa de las manos y rueda
por el escenario; Travesuco la persigue como un perro a su hueso y se la come. Suena
de nuevo "La danza de las flautas" de Tchaikowsky; sale Tocotó con su peluca ridícula
y con un espejo; él también baila dulcemente, pero con poca gracia; Travesuco lo mira
con asombro, pero le interesa más la manzana; José se acerca a Amapola)

TOCOTÓ - ¡Has caído petarda insoportable! Yo soy la más hermosa del mundo, y
ahora te lo demostraré: preguntaré al espejo mágico. ¿Espejo mágico? (Silencio)
¿Espejo mágico? (Silencio)... ¡Anda! (Al público) no me contesta. A lo mejor, si lo
llamamos juntos... (Con todo el público) ¡¿Espejo mágico?!

AMAPOLA - (Sobresaltada) ¡Jo! (Se para la música) ¡No gritéis tanto! Estaba
teniendo un sueño muy bonito.

TOCOTÓ - ¿Ya estás despierta?

AMAPOLA - Sí.

TOCOTÓ - ¡Pero si te tenías que quedar dormida!

AMAPOLA - Pues me he despertado porque la manzana no funciona.

TOCOTÓ - ¿Cómo? ¿Qué no funciona? Déjame ver.

AMAPOLA - No se dónde está.

(Travesuco se acerca a Tocotó y le da lo único que queda de la manzana)

TOCOTÓ - (A Travesuco) ¿Te la has comido?...

(Travesuco dice que 'sí' con la cabeza)

... ¿Y no tienes sueño?

(Travesuco dice que 'no' con la cabeza)

... Es curioso, juraría que le había puesto un somnífero potentísimo...

(El Maestro Coccolone los está mirando enojado; en cuanto se dan cuenta, vuelven a su
sitio, Amapola durmiendo, Tocotó con su espejo, y Travesuco llorando sobre Amapola)

... Espejito, espejito mágico, ¿quién es la más guapa del universo? (Silencio) ¿Verdad
que soy yo? (Silencio) ¡Ya está, quien calla otorga!

AMAPOLA - ¡Eh! ¡Así no vale! (Se incorpora) Yo soy la más guapa.

TOCOTÓ - Tienes la nariz demasiado grande.

AMAPOLA - Y tú llevas una peluca espantosa.

TOCOTÓ - Yo soy mejor actor que tú.

AMAPOLA - ¡A mí qué me importa! Yo soy bailarina.

TOCOTÓ - Y yo soy músico. (A Travesuco) Y tú ponte de pie, que no se te puede ni
ver. (Lo coloca de pie)

MAESTRO COCCOLONE - Pero ¿qué hacéis, chicos? ¡Aquí el director soy yo!

TOCOTÓ - ¡Menudo director! Yo soy músico, no quiero hacer de madrastra (Se quita
la peluca)

AMAPOLA - Y yo soy bailarina, no quiero hacer de Blancanieves.

(Travesuco llama la atención; quiere decir que es cantante; se pone a cantar, pero no
le sale la voz)

MAESTRO COCCOLONE Y TOCOTÓ - (Se echan a reír) Ja, ja, ja, ja.

AMAPOLA - ¡No os riáis de Travesuco! ¡Sois unos feísimos!

(Suena un gong; los personajes se congelan; sale el Juglar)

JUGLAR - Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos
los animales de la tierra. Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían
tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos. ¿Qué
dices tú, la mona? (Toca a Amapola)

AMAPOLA - (Se descongela; anda como una mona) ¿Me habla a mí? ¿Yo, defectos?
Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso ¿se fijó? ¡No tiene cuello!

JUGLAR - (Congela a Amapola tocándola) Que hable el oso (Toca a Tocotó)

TOCOTÓ - (Se descongela; levanta los hombros de forma tal que no se le ve el cuello)
Aquí estoy. Con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole
como el elefante!

JUGLAR - (Congela a Tocotó) Que se presente el elefante (Toca al Maestro
Coccolone)

MAESTRO COCCOLONE - (Se descongela; alarga los brazos y anda pesadamente)
Francamente, señor, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo.
Ahí lo tiene al ratoncito (Indicando a Travesuco)

JUGLAR - ¿El ratoncito? A ver qué tiene que decir el ratoncito (Toca a Travesuco, que
echa a correr como un loco; el Maestro Coccolone sigue andando pesadamente)
¡Anda! ¡Eh! ¡Para! (Travesuco no le hace caso, sigue corriendo) ¡Para! (Travesuco se
para ante el elefante, que tiene miedo a los ratoncitos, y también se echa a correr en
dirección contraria; caos general) ¡Parad, he dicho! (Consigue congelar al Maestro
Coccolone y a Travesuco) ¡Uf, qué difícil resulta todo esto! (Recupera su tono normal;
al público) Cuando se juega con los amigos, cada uno debe sumar sus capacidades con
las de todos los demás, porque si solo se mira hacia uno mismo no llegamos a nada.
Ahora me retiro, a ver si aprenden... Seguro que sí, en el fondo se quieren mucho

(Antes de dejar el escenario, el Juglar descongela a los personajes con un gesto. Los
payasos retoman la discusión; las acusaciones mutuas se suman en un barullo general
donde no se distinguen las voces de cada uno; el Maestro Coccolone coge la maza: los
demás lo miran, se asustan y salen rápidamente del escenario)

FIN DEL SEGUNDO ACTO.


Acto tercero: La Reconciliación.


(Sale Tocotó; consigo lleva un tambor; se coloca en el centro del escenario; comienza a
tocar; apenas ha tocado un poco, se detiene y mira al público)

TOCOTÓ - Este es mi sueño... ¡ser Tamborero!... Quiero decir: Percusionero... bueno o
Guitarrero, Pianero, Trompetero, me da igual. (Muy emocionado) ¡Yo quiero ser
musiquero! ¡Ah, que bonita es la música! (Al público) ¿A vosotros os gusta la música?...
A mí me gusta muchísimo, ¿sabéis? Me acuerdo que de pequeño...

MAESTRO COCCOLONE - (Desde fuera del escenario) ¡Amapola, Tocotó,
Travesuco! ¡Amapola! ¿Dónde estáis? ¡Es tardísimo, el público está esperando!

TOCOTÓ - ¡Uf! Me tengo que ir. Si el Maestro Coccolone me coge aquí, hablando con
vosotros en privado, ¡me vuelve a dar con la maza! (Deja el tambor en un rincón y sale
apresurado)

(Sale Amapola, apresurada y muy nerviosa; da varias vueltas como buscando algo; se
dirige a una caja  y coge una capa roja)

AMAPOLA - (Al público) ¡Menos mal que la he encontrado! (Muestra la capa) Si no,
el Maestro Coccolone me da con la maza... (Se marcha apresurada, pero justo antes de
irse se dirige al público) Me he aprendido un baile nuevo, ¿queréis verlo?... (Muy
emocionada, comienza a bailar ballet clásico como puede; va de una punta a otra
punta del escenario; se para en seco y justo antes de salir se dirige al público) No se lo
digáis al Maestro Coccolone... ¡La maza me da muchísimo miedo! (Se va)

(Sale Travesuco, despistado; le gusta mucho salir al escenario; saluda al público muy
ilusionado; mira toda la habitación y, al caer su mirada sobre una caja que hay al
fondo, de repente se acuerda de lo que tiene que hacer; va hacia la caja; tiene que
coger de allí una orejas y un rabo de lobo, pero arrastra la caja hasta el centro del
escenario, la abre, la cierra, saca cosas y comparte con el público la sorpresa que le
producen los objetos que hay en la caja)

MAESTRO COCCOLONE - (Desde fuera) ¡Amapola, Travesuco, Tocotó,
Amapola...!

(Travesuco coge lo que buscaba y se va apresuradamente del escenario. Sale el
Maestro Coccolone con la maza y gritando; se da cuenta de que el público lo mira y
esconde la maza)

Jeje... buenas tardes de nuevo. Estoy buscando a mis compañeros. ¿Alguien los ha
visto? ¿Por dónde se han ido?... Voy a ver si los encuentro. No os marchéis, esta vez os
vamos a contar un cuento que os va a gustar mucho (Se va apresurado; desde fuera se
escucha) ¡Vamos Amapola, te toca a ti!

(Suena la "Danza Árabe" de Tchaikowsky; sale Amapola vestida de Caperucita Roja;
va caminando por el bosque al compás de la música; de vez en cuando se le escapa uno
de sus pasos de ballet clásico. Sale el Maestro Coccolone y comienza a narrar la
historia)

MAESTRO COCCOLONE - Había una vez una niña muy dulce y muy buena que iba
a visitar a su abuelita enferma para llevarle la cena. Se llamaba Caperucita Roja porque
siempre iba vestida con una capita roja con capucha. Su abuelita vivía en el bosque, en
una casita de madera muy lejos del metro. Pero a Caperucita Roja no le importaba nada
caminar porque quería mucho a su abuelita. Comenzó a hacerse de noche. Caperucita
seguía su camino por el bosque, y empezaba a tener un poco de miedo a la oscuridad.
Estaba muy cerca de la casa de su abuelita cuando de repente (Sube el tono de voz) un
lobo... (No aparece ningún lobo) ¡No, otra vez! (Sube un poco más el tono de voz) Un
lobo... (No aparece ningún lobo; grita) ¡Un lobo!

(Sale Travesuco con orejas y rabo de lobo)

... cuando de repente un lobo la vio de lejos y comenzó a seguirla

(Travesuco da unos pasos hacia Amapola; ésta le hace una mueca; asustado, se
esconde detrás del Maestro Coccolone; el Maestro Coccolone grita)

¡No, no, el lobo no tiene miedo de Caperucita Roja, es todo lo contrario! (Empuja a
Travesuco hacia la dirección en la que está Amapola y Travesuco comienza a seguirla,
pero con miedo) El lobo quería comerse a Caperucita. ¡Mirad a este lobo feroz! ¿No os
da miedo?

(Amapola hace otra mueca a Travesuco, que de nuevo tiene miedo, y se esconde detrás
del Maestro Coccolone; el Maestro Coccolone intenta salvar la situación)

¡Y también es astuto! Ahora se ha escondido para que cuando Caperucita pase por ahí la
agarre con sus patas y se la coma de un solo bocado; pero pronto llegará un leñador que
le abrirá la barriga y sacará a la niña...

TOCOTÓ - (Sale vestido de leñador; lleva un hacha en la mano) ¡Eh, eh, eh! ¡Corten,
corten! (Se para la música. Se quedan todos confundidos. Al público) ¿No les parece
que este cuento es muy violento?...

AMAPOLA - (Al público) A éste lo que le pasa es que no le gusta su papel

TOCOTÓ - Pues mira, ahora que lo dices, la verdad es que no me apetece nada
descuartizar a un pobre lobo con un hacha. (A Amapola) ¿Te parece bonito?

AMAPOLA - Bueno yo... No sé... ¡Pero es para salvar a Caperucita!

TOCOTÓ - Ah, ¿Entonces a ti te parece bonito que un lobo se meriende a una niña?

AMAPOLA - Bueno pues... Si después la salvan...

TOCOTÓ - Así que hay que sacrificar a un pobre lobo para que la señorita Amapola se
quede contenta. ¡Que bonito! ¡¿Que pensarán los defensores de los animales?!

AMAPOLA - (Casi a punto de llorar) Bueno yo...

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ya está bien de payasadas! (A Tocotó) El cuento es así.
(Señalando la salida del escenario) Vete ahora mismo y no vuelvas a salir hasta que te
toque actuar.

TOCOTÓ - (Desafiante) Yo me niego a matar a un pobre lobo. ¡Asesinos!

(Travesuco se ha tumbado en el suelo de rodillas suplicando para que no lo maten)

AMAPOLA - (Sollozando y acariciando la cabeza de Travesuco) ¡Ah, pobre lobito!

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ya está bien! (Abatido) ¿Es imposible que por fin
hagamos algo juntos? Los cuentos de hadas están pasados de moda, los de princesas no
os gustan y éste no vale porque hay que sacrificar a (Señala a Travesuco)... a... a ese
pedazo de carne con orejas y rabo.

AMAPOLA - ¡Un poco de respeto! ¡Travesuco no ha elegido ser lobo!

(Travesuco aulla)

TOCOTÓ - Quizá si cambiamos de cuento...

MAESTRO COCCOLONE - ¿Cambiar de cuento otra vez?... ¿Qué cuento queréis?...
(Pausa) ¡Venga listillos a ver qué se os ocurre!

(Tocotó y Amapola se miran, miran al público, se vuelven a mirar y se preparan para
hacer propuestas)

AMAPOLA - El de la "abuelita motorista".

TOCOTÓ - ¡No, ese no! El del "motorista que quería ir en bicicleta".

AMAPOLA - ¡No ese no! El de "la bicicleta que pintaba cuadros".

TOCOTÓ - ¡No ese no! El del "cuadro que crecía con los tomates".

AMAPOLA - ¡No ese no! El de los "tomates carnívoros".

TOCOTÓ - ¡No ese no! El de los "carnívoros que comían caca".

(Travesuco, que ha estado aplaudiendo a todas las propuestas, al escuchar la palabra
"caca" se queda parado pensando)

MAESTRO COCCOLONE - ¡El público está esperando! ¿Qué cuento?

(Travesuco comienza a hacer señales, sabe un cuento)

AMAPOLA Y TOCOTÓ - (Que se han quedado sin argumentos) ¡Ese cuento!

MAESTRO COCCOLONE - (Con malicia) ¡Vaya! Travesuco sabe un cuento... ¿Y
cómo se llama? ¡Dí!

(Travesuco hace gestos que indican mal olor)

TOCOTÓ - ¡Ya lo tengo! El cuento se llama "Huele mal".

(Travesuco dice que "no" con la cabeza y hace un gesto de ganas de ir al baño)

AMAPOLA - "Tengo ganas de hacer caca".

TOCOTÓ - (A Amapola) ¡Pues ve al baño!

AMAPOLA - ¿Para qué?

MAESTRO COCCOLONE - ¡Sois imposibles! (Al público) No tienen seso. (A
Tocotó) ¿Travesuco, "Tengo ganas de ir al baño" es el título de tu cuento?

(Travesuco dice que "no" con la cabeza y hace un gesto que se refiere a la caca y otro
al olor)

TOCOTÓ - "La caca huele mal".

AMAPOLA - ¡Uy sí! ¡La mía huele fatal!

MAESTRO COCCOLONE - (A Amapola) ¡El olor de tu caca nos da igual!
¿Travesuco, "La caca huele mal" es el título de tu cuento?

(Travesuco dice que "no" con la cabeza y sigue insistiendo con el mal olor que hay en
un sitio)

AMAPOLA - Un sitio que huele mal.

(Travesuco asiente con la cabeza y gesticula diciendo que él está en un sitio que huele
mal y que el sitio está bajo tierra)

TOCOTÓ - "Vivo debajo de la tierra en un sitio que huele mal"

MAESTRO COCCOLONE - Una alcantarilla.

(Travesuco aplaude y se señala. Hace el gesto de echarse perfume)

AMAPOLA - "Vivo en una alcantarilla y me perfumo por las mañanas".

(Travesuco dice que "no" con la cabeza)

MAESTRO COCCOLONE - ¿El personaje de tu cuento vive en la alcantarilla?

(Travesuco dice que "no" con la cabeza y hace el gesto de ir a trabajar)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ah! Trabaja en una alcantarilla.

AMAPOLA - Es un alcantarillero.

(Travesuco está muy contento; Amapola ha adivinado)

TOCOTÓ - Que se pone perfume.

(Travesuco emocionado les indica que el título casi está)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ya lo tengo! "Perfume de alcantarillero".

(Travesuco no cabe en si de la felicidad; ése es el título)

AMAPOLA y TOCOTÓ - ¡Vaya cuento más chulo!

MAESTRO COCCOLONE - ¡Vamos a contarlo!

(Todos están muy emocionados. Suena un gong; sale el juglar; los payasos se congelen)

JUGLAR - ¡Mirad todos! Por fin parece que van a trabajar juntos.

(Antes de irse, hace un gesto y los payasos se descongelan. Continúan con lo que
estaban haciendo)

AMAPOLA Y TOCOTÓ - ¡Sí, vamos a contar el cuento del alcantarillero!

(Travesuco comienza a interpretar el cuento. Hace de un alcantarillero que va a
trabajar)

MAESTRO COCCOLONE - Había un vez un alcantarillero...

AMAPOLA - Que trabajaba rodeado de caca...

TOCOTÓ - Se pasaba todo el día respirando caca...

MAESTRO COCCOLONE - (Encauzando la historia) ... que, dada su profesión,
pasaba gran parte de su tiempo entre olores de excrementos y putrefacción...

(El Maestro Coccolone mira a Travesuco, y le indica que siga; Travesuco interpreta
que el alcantarillero termina de trabajar y va por la calle)

... Un día, al salir del trabajo, el alcantarillero iba paseando por la calle cuando notó un
olor muy extraño...

TOCOTÓ - (Corta al Maestro Coccolone) ... Alguien se ha tirado un pedo.

AMAPOLA - ¡Sí, sí, se huele!

(El Maestro Coccolone dedica una mirada desafiante a Tocotó y Amapola)

TOCOTÓ - Perdón, yo, bueno...

AMAPOLA - ... Pero sigue, sigue.

MAESTRO COCCOLONE - Si me vais a interrumpir todo el rato no sigo (se cruza de
brazos)

TOCOTÓ - Ya no lo hacemos más, de verdad.

AMAPOLA - (Tapándose la boca y tapándole la boca a Tocotó) Mira ya no te
interrumpimos

(Travesuco vuelve a interpretar loco de emoción, no le importa nada repetir porque le
encanta contar cuentos a su manera)

MAESTRO COCCOLONE - Decía que el alcantarillero iba paseando cuando notó un
olor muy extraño, diferente, que jamás había olido. Al principio se asustó un poco, pero
el olor le gustó. Decidió perseguir sin miedo ese nuevo olor que había llegado a su
nariz. La persecución terminó en una perfumería que acababan de abrir en su barrio.
Asombrado ante la cantidad de fragancias desconocidas aspiró profundamente para
captarlas mejor, pero en ese momento su cuerpo se puso rígido y cayó al suelo
desplomado

(Travesuco cae desplomado al suelo)

AMAPOLA - (Asustada) ¡Travesuco, Travesuco!

TOCOTÓ - ¡Hay que llamar a una ambulancia! (Al público) ¿Alguien me presta su
móvil?

(Travesuco levanta la cabeza y los mira desconcertado)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Sois difíciles y muy cortitos! ¡Travesuco está bien! Es
el alcantarillero el que pierde el conocimiento.

AMAPOLA - Ah... pobre alcantarillero... (Suspira) Se muere.

(Travesuco dice que "no" con la cabeza, y señala una caja que hay al fondo del
escenario; es una caja que él dejó ahí cuando comenzó a contar el cuento)

MAESTRO COCCOLONE - ¿Quieres esa caja?

(Travesuco indica que "sí", que se la traigan)

MAESTRO COCCOLONE - A ver, que uno de vosotros dos vaya a por la caja.

AMAPOLA - Voy yo...

TOCOTÓ - No, no, voy yo que soy más fuerte.

AMAPOLA - Pero si la caja es pequeña...

TOCOTÓ - (Presumido)... Nunca se sabe

AMAPOLA - ¡Eres un "machisto"!

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ya está bien! ¡Id los dos!

(Amapola y Tocotó van a por la caja)

AMAPOLA - ¡Uf, que peste!

TOCOTÓ - ¿Ves? La chicas no aguantáis nada (Se acerca a la caja y el olor lo tira
para atrás, se coloca detrás de Amapola)... pero por esta vez voy a hacer una
excepción...

(Amapola abre la caja, da un salto y se tapa la nariz)

AMAPOLA - ¡Ah, que asco¡

MAESTRO COCCOLONE - ¿Que hay en la caja?

AMAPOLA - ¡Una caca!

MAESTRO COCCOLONE - (A Travesuco) ¿Y ahora que?

(Travesuco indica que le acerquen la caja a la nariz)

TOCOTÓ - ¡Qué cochino!

(Travesuco huele la caja y se incorpora)

MAESTRO COCCOLONE - ¡Ah, ya entiendo!

TOCOTÓ - Pues ¡yo no entiendo nada!

AMAPOLA - ¡Anda, ni yo!

MAESTRO COCCOLONE - Es que el alcantarillero se desmaya porque no está
acostumbrado al olor del perfume. Para él, el olor a excrementos es lo más familiar. Por
lo tanto el olor de la caca le devuelve el conocimiento

(Muy emocionado, Travesuco asiente)

AMAPOLA - Entonces no está muerto. ¡Que bien! (Abraza a Travesuco dejando caer
la caja y los excrementos se desparraman)

TOCOTÓ -  ¡Pues, vaya cuento! Empieza con caca y termina con más caca.

(Travesuco hace señales, el cuento no ha terminado)

MAESTRO COCCOLONE - ¡El cuento sigue! ¿Que más?

(Travesuco hace el gesto de echarse perfume y olerlo con alegría)

TOCOTÓ - ¡Mira! ¡Se está perfumando!

AMAPOLA - ¡Qué bien huele!

(Travesuco sonríe feliz, y comienza a perfumar a todo el mundo, incluso baja a la
platea y perfuma al público)

MAESTRO COCCOLONE - (Al público) ¿Queréis saber cómo termina la historia?...
El alcantarillero queda tan maravillado con el olor del perfume que decide abandonar
las alcantarillas para recorrer el mundo perfumando a la gente.

(Travesuco sigue en la platea perfumando al público)

AMAPOLA - (Suspira) ¡Qué bonito!

TOCOTÓ - (Pensativo) Anda, cambia la caca por el perfume... ¡No está mal!

MAESTRO COCCOLONE - Es un buen final para este cuento. (Al público) No es un
cuento de princesas, ni de niñas y lobos, pero es un cuento precioso.

AMAPOLA y TOCOTÓ - (Se abrazan) ¡Sí!

(Suena un gong; los payasos se congelan; sale el Juglar)

JUGLAR - Al final, nuestros amigos han contado el cuento. Como habéis visto, es
mucho más divertido trabajar juntos que pelear todo el rato. Vamos a ver cómo termina
la historia.

(Sale y descongela a los payasos)

AMAPOLA - ¡Travesuco, ven aquí!

(Travesuco vuelve al escenario)

AMAPOLA - (Le da un beso a Travesuco) ¡Qué cuento más bonito!

TOCOTÓ - (Bosteza) ¡Qué cansado estoy!

(Bostezan todos a la vez)

MAESTRO COCCOLONE - Es muy tarde, vamos a dormir.

(Suena una melodía de caja de música, los payasos cogen almohadas y sábanas que
tienen guardadas en las cajas, hacen la cama y se acuestan a dormir en un lateral)

FIN DEL TERCER ACTO



Acto cuarto: el amor.


(Los payasos están durmiendo en un lateral del escenario. Cada uno ronca a su
manera. Suena la "Polka" de Shoostakovich; el Maestro Coccolone se incorpora
sonámbulo)

MAESTRO COCCOLONE - (Cantando) Qué bonito es, qué bonito es ser un gran
director, cuántos cuentos voy, cuántos cuentos voy, cuántos cuentos voy a contar...

(Tocotó se incorpora sonámbulo)

TOCOTÓ - (Cantando)... Qué bonito es, qué bonito es la música tocar...

(Amapola se incorpora sonámbula)

AMAPOLA - (Cantando) ... Qué bonito es, qué bonito es la música bailar...

(Travesuco se incorpora sonámbulo)

TRAVESUCO - (Cantando como un tenor)... yo quiero cantar, yo quiero cantar, yo
quiero cantar...

(Los payasos bailan sonámbulos ocupando todo el escenario)

TODOS A LA VEZ - (Cantando) Que bonito así, que bonito así, así sería jugar... y con
mis amigos me divierto más.

(En fila los sonámbulos van volviendo a la cama. Sale el Juglar, no los congela porque
están durmiendo)

JUGLAR - (En voz baja) ¡Ssst! Duermen (vuelve al tono de voz normal) Están
cansados, no creo que se despierten aún. Los payasos acaban de tener un sueño dónde
cada uno realizaba su sueño y formaban un bonito conjunto. ¿Vieron? ¡Y sin discutir!
Parece que están a punto de lograr su sueño. ¿Y saben por qué? Porque al final el amor
y la amistad verdadera están triunfando. ¡Ya han conseguido contar un cuento! A
propósito de cuentos, voy a contarles uno que trata justamente del amor y la amistad
verdadera

Dos amigos viajaban por el desierto, y en un determinado punto del viaje discutieron,
por cualquier motivo, ya sabemos que viajar por el desierto es muy difícil. Uno abofeteó
al otro. El amigo abofeteado, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy mi
mejor amigo me ha pegado una bofetada en el rostro". Siguieron adelante y, tras unos
cuantos kilómetros envueltos por un silencio rencoroso, llegaron a un oasis dónde
resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, siendo salvado
por el otro, justo el que antes le había pegado. Al recuperarse tomó un cuchillo y
escribió en una piedra: "Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida". Entonces, su
amigo, intrigado, le preguntó: "¿Por qué después de que te pegara escribiste en la arena
y ahora escribes en una piedra?". Sonriendo, su compañero le contestó: "Cuando un
gran amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el
perdón se encarga de borrarlo; por otro lado, cuando nos pasa algo grandioso, debemos
grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde viento ninguno en todo el
mundo puede borrarlo"

(Tocotó comienza a despertarse, mueve un brazo como desperezándose)

(En voz baja) Parece que nuestros amigos ya comienzan a despertarse. Vamos a ver que
pasa. (Se va apresurado)
   
(Tocotó se incorpora medio atontado)

TOCOTÓ - (Al público) Me ha parecido ver a alguien merodeando por aquí (Mira a
sus compañeros) Pero si están todos durmiendo. (Comienza a dar vueltas por el
escenario, coge algún objeto, intenta jugar con él, pero se aburre, recuerda algo) ¡Ya
lo tengo! (Se va al fondo del escenario y coge el tambor; al público, muy emocionado)
¡Música va¡ (Comienza a tocar)

AMAPOLA - (Se despierta al son de la música; se incorpora y se despereza; mira al
público, mira a Tocotó y empieza a bailar) ¡Yupi!

(Travesuco también se despierta; antes de incorporarse anda a cuatro patas hasta
dónde están sus compañeros; Amapola se acerca a él bailando, le ayuda a levantarse y
lo gira)

TOCOTÓ y AMAPOLA - ¡Venga Travesuco! ¡Coge el ritmo!

(Travesuco se adelanta, mira al público hace varios gestos con la boca como si fuera a
hablar y después de varios intentos comienza a cantar)

AMAPOLA - (Grita emocionada) ¡Ah, Travesuco canta!

TOCOTÓ - ¡Y cómo canta!

(El Maestro Coccolone se despierta; se incorpora medio atontado sin saber muy bien
dónde está y qué está pasando)

MAESTRO COCCOLONE - (Gruñón) Aquí no hay quien duerma, sois unos... (Mira
a sus compañeros y cambia su tono gruñón por otro alegre y de plena satisfacción)
¡Sois unos artistas de primera! Muy bien, así os quiero ver (Mira al público y lo anima
para que se levante y haga palmas)

(Los cuatro siguen su espectáculo, hasta que Travesuco da un agudo)

TRAVESUCO - (Cantando) Ridi pagliaccio...

(Amapola, Tocotó y el Maestro Coccolone quedan embobados, y enseguida se abrazan
todos. Suena el gong; se congelan; sale el juglar)

JUGLAR - ¡Miren que escultura más bonita!

(El juglar aplaude, pero haciendo así descongela a los payasos estando todavía él en
escena; lo miran todos, con susto)

AMAPOLA - (Se atreve) ¿Y tú quién eres?... Bueno ¡vente con nosotros que nos
vamos al teatro!

(Salen todos muy felices)

FIN DE LA HISTORIA