Fotos CotosEncontrar una continuidad en el peronismo, hallar su esencia populista, tras los distintos gobiernos, jefaturas, movimientos y estrategias que han enarbolado su bandera consiste el objetivo de este trabajo. Para esta labor me remitiré en primera instancia a analizar los distintos tratamientos que ha realizado la literatura académica sobre esta materia, el populismo, para luego acercarme al caso particular del peronismo recurriendo a ciertos autores provenientes de las universidades argentinas que a mi parecer intentan acercarse a su objeto de estudio desde una cierta objetividad, deslindando conceptos, buscando su significación histórica (visión diacronica?), tratando de ver antecedentes y la posibilidad de seguir o no llamando o no "peronismo" a algunos gobiernos que contemporáneamente han hecho uso de su nombre.

 

Resolver el dilema entre "ruptura versus continuidad" en el devenir histórico del peronismo resulta controvertido sobretodo desde el gobierno de Carlos Saúl Menem y desde otra óptica los gobiernos de Duahalde y Kirchner. Pero el problema no se reduce a entender únicamente si un gobierno encabezado por un dirigente peronista verdaderamente puede llevar ese nombre sino que implica captar que es lo que une a las diferentes corrientes, muchas veces enfrentadas, cuales son sus diferencias y cuales las identidades y objetivos por los que luchan. No sólo puede ponerse en duda el "peronismo" de López Rega (calificado por sus enemigos dentro del movimiento como fascista) o el de los Montoneros (contaminados por el guevarismo, calificados de izquierdistas y desautorizados por Perón mismo), sino que se puede poner en duda el "peronismo" mismo del líder (tanto en su tercera presidencia acusado por sectores izquierdas de estar manejado por la ultraderecha, como en sus inicios en su etapa inicial "transformista"). Así la pregunta que se nos plantea es qué les hace a todos ellos combatir por la definición de "peronismo", que tradición y que objetivos pretenden rescatar para sí, y si son todos una misma cosa que es aquello que les une tras las diferencias y quizás todo remita a preguntarse qué es lo que hace a distintos movimiento el poder ser denominados de "populismos" y tras ésta encontrar la identidad peronista.

 

Las aproximaciones al fenómeno populista

 

A este respecto Aboy Carlés nos previene de que usualmente se ha tendido, debido a la creciente colonización del pensamiento sociológico y politológico por la economía, a que se vincule a populismo con cierta políticas públicas destinadas a proteger el mercado interno, como a la particular relación entre Estado y actores sociales. Dicho set de políticas consistirían en un Estado interventor y asistencialista, con control de los servicios públicos, propiedad y control estatal en diversas esferas de la producción y la comercialización, proteccionismo comercial, utilización política del gasto público y redistribución de ingresos.

 

Foto de cotosAnte el fenómeno populista ha habido diferentes incursiones metodológicas, que desde distintas perspectivas han analizado el objeto de estudio:

- La visión estructural-funcionalista (Gino Germani, Torcuato Di Tella,…) que ha visto en el populismo una temprana incorporación de las masas a la vida política que ha sobrepasado la capacidad de absorción de las instituciones vigentes, lo que propicia la emergencia de un liderazgo discrecional y manipulatorio.

- Una visión que abarca desde la corriente neocorservadora angloamericana de los ochenta hasta la extrema derecha europea actual, que en latinoamérica viene a englobar tanto a Fujimori, Menem o a Chávez. Esto significa aceptar como populistas a gobiernos cuyas políticas económicas son antagónicas con el populismo tradicional (protección y promoción del mercado interno). Esta sería la postura de los trabajos de José Nun y Marcos Novarro

- Las investigaciones que señalan al populismo como una particular forma de discursividad política. Su hito será el escrito de Ernesto Laclau "Hacia una teoría del populismo". Desde esta perspectiva el populismo remitiría una particular forma de articulación discursiva consistente en la presentación de las interpelaciones popular-democráticas como conjunto sintético antagónico respecto de la ideología dominante.

- La interpretación del populismo como una voluntad colectiva de contradictoria articulación que se formula a través de un conflicto entre tendencias a la ruptura y contratendencias a la integración (de Ípola y Portantiero). Se trataría de una concepción organicista que hace que los antagonismos populares contra la opresión se desvíen hacia una recomposición del principio nacional-estatal que organiza desde arriba la comunidad.

 

La dificultad de encontrar un modelo explicativo válido

 

En cuanto a asociar el populismo a determinadas política positivas tiene la dificultad de no poder explicar la denominación de populistas a gobiernos que aplican las recetas neoliberales como el de Yeltsin en Rusia o la cautela en la materia de Chavez en Venezuela. Así mismo no explica por que reciben distinta denominación otros ejemplos que han aplicado políticas proteccionistas y redistributivas como las de la socialdemocracia europea. Es significativo que gobiernos como el del radical Arturo Illia, que aplicó dichas políticas, no sea calificado como tal.

 

Algo más útil resultan las explicaciones que partiendo de dicho supuesto se centran en el análisis de una suerte de especial formula de representación de intereses que implica una erosión de la diferencia entre lo público y lo privado. Por otro lado la explicación del populismo como movimiento propio de una etapa de transición entre una sociedad tradicional a una sociedad moderna no resulta explicativo dado que procesos de rápida modernización han desembocado en diversos procesos políticos muy diversos al populismo.

 

Fotos de CotosEn cuanto a aquellas visiones que enfatizan el estilo de liderazgo de los populismos en los que los que prima el llamamiento al "pueblo" como conjunto social homogéneo  y como depositario exclusivo de valores positivos y permanentes. Se trataría de una visión que explicaría el populismo como un movimiento demagógico que deforma la realidad a favor de sus intereses. A su vez, el llamamiento al "pueblo" es un elemento más en la formulación del discurso peronista, pero ni es el único ni éste le pertenece en exclusiva. La denominación de populista ha pasado a denominar así a todo movimiento que no anclase bien con las ideologías tradicionales convirtiéndose en una suerte de categoría residual sin que dentro de la misma se cuente con un hilo conductor. Sin embargo la lectura de Laclau tiene el mérito de analizar el populismo como una particular forma de discursividad política que no desconoce la "materialidad" de las ideologías sino que analiza el discurso populista como una particular forma de constituir y organizar relaciones sociales. Por el contrario de Ípola y Portantiero señalan que la lectura de Laclau del populismo como expresión de la lucha nacional-popular frente a la opresión no resulta explicativa dado que lo nacional-popular constituye más bien un campo de lucha más que un movimiento y que los resultados no siempre van  en dirección emancipadora sino que se resuelve en tendencias a la ruptura y contratendencias a la integración.  De ahí que señalen la presencia de una concepción organicista de los populismos que hace que los antagonismos populares contra la opresión sean reconducidos hacia una recomposición del principio nacional estatal que organiza desde arriba ala comunidad remarcando la semejanza sobre la diferencia. Se así una tensión interna dentro del populismo entre  una dimensión nacional-popular orientada a la escisión del campo político y una dimensión nacional-estatal orientada a la recomposición y homogeneización del mismo.

 

 

El peronismo entre ruptura y continuidad

 

Para ilustrar ésta realidad se analiza el discurso peronista en cuestiones clave como determinar qué es el "pueblo" o qué se trata de señalar al reclamar la "justicia social".

 

Fotos de Cotos: enlace entre trenesAsí en el mismo concepto de "el pueblo" se manifiesta estas tendencias dado que al mismo tiempo es la totalidad y parte de la gente, incluye y excluye, puede pasar a denominar a la totalidad del cuerpo cívico, bien sólo a la gente común, a la parte "sana" de la comunidad, a la multitud o a los pobres. El populismo sería una de las formas de negociar entre estas tendencias. Se produce alternativamente un proceso de exclusión o inclusión del adversario por el que por un lado se considera la existencia de un "enemigo externo" pero que aparece siempre asociado a un "enemigo interno" como elemento perturbador que no permite la plena integración nacional-estatal, de ahí la irrealizable pretensión de clausura. Así vemos que el peronismo vino a demarcar una línea de frontera política excluyente respecto del régimen anterior (aunque se consideraba heredero de la otra gran ruptura, la del yrigoyenismo) que se pretendía hegemónica dado que pretendía ser la encarnación de la nación toda ("verdadero país"), cuya representación hasta entonces había sido negada (la "Argentina invisible"). Esto supuso que mientras pretendía encarnar la representación de toda la sociedad al mismo tiempo tenía que señalar a unos actores y un orden que aunque desplazados del centro de poder visible seguían presentes en la escena política.  Así vemos, que en un principio Perón intentó hacerse con el favor de la elite del poder económico, como se interpreta del discurso ante la Bolsa de Comercio en Buenos Aires de agosto de 1944 en la que propone diluir la creciente conflictividad social a través de la concesión de ciertas políticas reformistas hacia el mundo del trabajo, pero ante el fracaso de esta maniobra dado que los empresarios identificaron a Perón con la promoción de las demandas obreras se decidió por el "campo popular" con la consiguiente radicalización en la campaña electoral de 1946. Una vez alcanzada la victoria llevó a cabo la disolución del Partido Laborista y la posterior cooptación de la CGT en un intento por diluir las diferencias.[1] ; Es sobre esta ambigüedad que Perón construyó su liderazgo: el peronismo fue alternativamente un partido reformista y un partido de orden. Primeramente se invoca la "solidaridad nacional" para designar "lo popular" para construir una diferenciación entre los suyos, los argentinos, y los que no están con él como no argentinos, al mismo tiempo se recurre a su invocación para borrar diferencias sociales entre los argentinos. De esta forma Perón se hace cargo de la ambigüedad que le transforma en arbitro de posibles contiendas en su movimiento. Quienes permanecen fieles al sentido rupturista podrán ser descalificados como "traidores" o "agentes extranjeros" por el propio Perón cuando decidía dar paso al orden. Del mismo modo se invocaba la "justicia social" como ruptura con el orden precedente y consecución de las reformas sociales, y al mismo tiempo como barrera contra la "lucha de clases" para diferenciarse de la izquierda.

 

Los resultados de esta dualidad peronista se verán de forma notoria en la contradictoria coalición de fuerzas que se unen para su derrocamiento en 1955, de la que forman parte tanto los que ven en el peronismo una vulneración de la libertad y la democracia como los que combaten sus políticas en materia social. Ese constante vaivén entre ruptura y orden termina generando estos dos frentes de oposición. Es esta una realidad diferente a la experiencia menemista que alejan a este del populismo dado que tras la crisis hiperinflaccionaria de 1989 éste se erigió en el promotor de la recomposición de una agencia de autoridad pública y le permitió hacer desaparecer la dimensión más contestaria. Se transformó en el partido del orden frente a un caos anterior lo que determinó que desapareciera la promesa de "justicia social". Ya no se encontraba entre dos frentes jugando a un movimiento pendular sino que había optado por un de ellos y había puesto enfrente un solo espacio opositor.

 

Fotos de CotosEl peronismo llegó a identificarse con una impugnación global a un orden político y social considerado  ilegítimo y en la representación de el "verdadero país", que relegaba a la oposición a una consideración de "no representativa", de ahí que al peronismo le resultase mucho más fácil la confrontación extra institucional o el ejercicio plebiscitario del poder que el desarrollo de las prácticas parlamentarias de negociación. A su vez reconstruyó el pasado en función de las luchas políticas del presente y convirtió éstas en la sola prolongación de los enfrentamientos de otrora, una lucha entre una "patria" y una "antipatria" constantemente reeditada. No se trató de una deliberada instrumentalización del pasado sino que se correspondió con un resultado algo azaroso de la competencia entre las identidades políticas, pero terminó desempeñando un papel en la orientación de la acción política. Resulta representativa la entronización del revisionismo en los años de la resistencia y la creación de montoneros [2]quizás como un revival histórico. La pugna por elementos de identidad comunes constituyo una fuente continua de inestabilidad, pero era connatural a la concepción hegemonista que el peronismo propugnaba y a su desconsideración de la lucha partidaria.

 

Toda esta serie de maniobras contradictorias se verán claramente en la radicalización del peronismo durante los años de proscripción que tendrán como resultado la radicalización (acentuación de los caracteres de ruptura) y como hecho practicoque la autorización del líder de la vía armada y al mismo tiempo su promoción desde Madrid como el único posible garante del orden con la formula "saber controlar el desorden". Sin embargo Perón será incapaz de volver al redil las nuevas fuerzas de ruptura desencadenadas y sus intentos de dominar la situación le conducirán a posicionarse en el polo contrario. De esta forma la desautorización pública a Montoneros el 1º de Mayo de 1974 no tuvo la suficiente fuerza con lo que el equilibrio se había roto. Las fronteras eran ahora en el interior mismo del peronismo y Perón, al morir, dejaba como legado una política que conducía al terrorismo de Estado. El significante "Perón" que legó se convirtió en la legitimación de posiciones y métodos que, alentados en su momento alternativamente por el líder, dotaron a cada grupo contrapuesto de legitimidad histórica.  Un movimiento que a la vez incentiva las tendencias hacia la ruptura así como las contratendencias hacia la integración, que se postulaba como unificador y muro de contención de la "lucha de clases" ha derivado en una dura confrontación.

 

 

Una visión desmitificadora del peronismo: la constatación de etapas, fracturas internas y negociaciones externas.

 

Fotos de CotosUna lectura que pretenda ver los elementos de continuidad y de ruptura de el peronismo, es imposible asociarlo a una sola de las políticas asociadas a su gobierno. El primer gobierno peronista (1945-1955)  asume el poder tras una etapa dictatorial, su autoritarismo es más acentuado. Sin embargo no es un periodo homogéneo: de 1945 a 1949 está marcado por el redistribucionismo; de 1950 a 1955 realiza una política clásica de ajuste en época de contracción económica. A su vez, durante los años del exilio (1955-1973) el carácter típico que se le atribuye de un movimiento con un fuerte liderazgo se empieza a romper, se pugna entre diversas posibilidades: entre un "peronismo sin Perón" y las que se mantienen fieles al retorno del líder. Durante el tercer gobierno se establece el conflicto entre  Montoneros y el sindicalismo ortodoxo. Todos estos conflictos internos giran alrededor de la identidad de la ideología peronista  Esta lista de enfrentamientos no está completa y los grupos eran múltiples y muy difícilmente se puede llegar a la conclusión de que tuviesen un hilo común.

 

 

Un pilar del régimen peronista: el sindicato CGT

 

 Fotos de CotosDentro del sindicato CGT hubo ramas muy diversas. No fue un sindicato creado por Perón,  ya existía desde que en 1930 los sindicatos  USA (Unión Sindical Argentina, sindicalista) y COA (Confederación Obrera Argentina, socialista) llegaron a la unificación . De lo que se trató fue de una alianza entre el sindicato y Perón, con la que el sindicato mostraba su apoyo a las políticas laborales de Perón mientras encabezó la Secretaría de Trabajo y Previsión durante la dictadura de 1943. Un sindicalismo que pretendió dotarse de un partido propio y que apadrinó a Perón en las elecciones de 1945 en alianza con sectores radicales. Perón copará el sindicato con acercamiento a los distintos sectores incluyendo a los socialistas pero dejará fuera a los comunistas a pesar de sus intentos de acercamiento.  En el primer gobierno seguirá fielmente las consignas del líder que ha conseguido colocar en su cúpula a un sindicalista de segunda fila que sigue sus consignas. No solo por el control de las jefaturas consigue que la central obrera le apoye, es su política redistributiva la que afianza la alianza. Sin embargo no será igual en los siguientes gobiernos ni durante el exilio. Durante el segundo gobierno si bien controla la cúpula multitud de sindicatos no aceptan la política económica de ajuste y los metalúrgicos llegan a convocarle una huelga en 1954. Durante la dictadura y la proscripción del Partido Peronista y el exilio se Perón la CGT juega un importante papel político, su apoyo será crucial para la victoria de los candidatos, pero esto les implicará aceptar ciertas demandas. En este periodo existe una doble tendencia, la de seguir las ordenes del líder  que envía ordenes desde Madrid (que a su vez debe negociar con sus destinatarios) y las que buscan independizarse del líder, como la de Timoteo Vandor. Las escisiones pasan a ser algo común desde entonces en el sindicalismo peronista, todos los contendientes tienen que prestar cierta reverencia al líder dado que los trabajadores siguen reverenciándolo. Sin embargo se dan las primeras alianzas entre el sindicalismo peronista y la izquierda sindical como ejemplifica la fuerza revolucionaria que mostró "El Cordobazo" en la que la CGT participó dirigida por Agustín Tosco. Perón para su retorno no se apoyará en  el sindicalismo, que se ha mostrado díscolo y capaz de aceptar los distintos gobiernos de turno a cambio de negociar condiciones laborales, sino que se apoyará en los sectores juveniles (Montoneros, Juventudes Peronistas) para propiciar su regreso como el único que puede establecer el orden. Tras la victoria de Campora en las elecciones de 1973 y con la vuelta de Perón, se apoya de nuevo en el sindicato, desautoriza a los jóvenes que le reclaman "socialismo nacional", obliga a la retirada de Campora y se presenta él a las elecciones siguientes. A pesar de apoyarse en los sindicalistas en el nuevo gobierno no será fácil su relación con ellos, aceptan el Pacto Social firmado con la Confederación General de Empresarios (el otro pilar del régimen, como elemento negociador, que aglutina a la patronal por lo menos hasta la crisis del petróleo) pero exigirán más tarde  al gobierno que se les otorgue potestad para examinar la gestión en las empresas y más tarde que se les retire la mordaza del Pacto Social. Dentro de la CGT van ganando apoyos dirigentes heterodoxos como Rainmundo Ongaro (cristianismo anarquista) o marxistas como A. Tosco y R. Salamanca. Tras la muerte de Perón, Isabelita será incapaz de controlarlos y a pesar de su resistencia tendrá que aceptar sus condiciones tras la huelga general que le convoca la CGT (7 de julio de 1975), presionada por la agitación sindical de los metalúrgicos, dirigidos por Lorenzo de Miguel. Destituiran a Lopez Rega y la convalidación de los convenios colectivos firmados entre los sindicatos y la CGE (sin los grandes empresarios que han formado la Asociación Permanente de Entidades Gremiales Empresarias).

 

El sindicalismo ha tomado una postura u otra frente a las políticas del gobierno de De la Rua en base a la tradicional alianza entre el sindicato CGT y el justicialismo. Durante el gobierno de Raúl Alfonsin (83-89) la CGT realizó una dura oposición contra los intentos de reforma económica del gobierno. Los sindicalistas vieron que implicaba una amenaza para las empresas del Estado, desprotección para la industria manufacturera y una amenaza al control que ejercía sobre las obras sociales. Los sindicalistas convergieron con Carlos Menem, que se alió con los sectores tradicionales del peronismo. La CGT de entonces estaba controlada por dirigentes de derecha o centro, y habían muy pocos sindicatos, nacionales o locales, que estuviesen dominados por la izquierda. Algunos formaron parte del entorno de Menem y fueron responsables de la decisión de entenderse con el gran capital y de adoptar una política económica neoliberal. Con el acceso de Menem a la presidencia, la CGT se dividió. El sector opositor era heterogéneo y contaba con un sector de izquierda que condenaba tanto el neoliberalismo como las viejas prácticas sindicales peronistas. Menem consiguió debilitar y dividir a la CGT atrayendo hacia si a los mas tradicionalistas. Quienes se opusieron más duramente a la política del gobierno de Menem formaron una central sindical independiente, Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA). Un rechazo moderado se canalizó mediante una corriente interna de la CGT, el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). Sin embargo la alianza de la CGT con el justicialismo siguió siendo firme y se vio reflejada en una oposición desestabilizadora a los gobiernos radicales y una postura colaboracionista y desmovilizadora durante los gobiernos justicialistas, sea cual sea la política económica que se lleve a cabo, aunque no sin fricciones dentro de su seno.

 

 

La ubicación del menemismo dentro del "peronismo"

 

Menem vendría a anclar mejor con la definición popularizada de populismo, definido como demagogia o prometer aquello que el pueblo desea pero que no se va a cumplir o si se da sólo se da un sucedáneo del mismo, dado que ignoró las promesas explícitas y las mucho más importantes implícitas que como candidato del peronismo había encarnado. Su promesa fue un fuerte y amplio aumento del salario real y un también fuerte incremento de la producción industrial y, en general, de la actividad económica. Sin embargo lo que se introdujo su política desde los primeros años fue un ajuste durísimo que significó un desastre para muchas industrias, una fuerte perdida de empleo industrial y una brusqueda caída de los salarios y del poder adquisitivo por el aumento de la inflación.  Pero lo que más defraudó fue las expectativas creadas, el olvido de las políticas distribuicionistas implícitas en el discurso peronista clásico, en el imaginario popular. La receta fue muy diferente, aunque continuaba el modelo iniciado en la dictadura militar, fue la entronización del neoconservadurismo "liberal". Las razones esgrimidas para aplicar el modelo son la necesidad de una reconversión del capitalismo que implica sanear el estado, modificando su función y dimensiones, aminorar la gravitación sobre la economía de las empresas privadas prevendalistas, realizar una reforma tributaria y privatizar aquellas empresas que debiesen serlo. Razones que compartirían incluso las izquierda, pero lo que no se compartiría era ni como se realizó ni la dirección hacia donde llevaba dichos cambios.

 

Foto de CotosA este respecto resulta ejemplificador del salto que supuso el gobierno de Menem el que se nombre como asesor presidencial a Alvaro Alsogaray, vocero del antiperonismo de derechas y del liberalismo económico durante cuarenta años. No se trata solo de la necesidad de hacer frente a una situación económica de inestabilidad y de falta de recursos que le implique tener que acudir a las fuentes de financiación internacionales y de este modo el deber de seguir sus recetas, se trata de un cambio real de los objetivos con respecto a los anteriores gobiernos peronistas, no es un movimiento táctico, se asume el clero liberal y se acaba con el nacionalismo antiamericano. Ya no es la dependencia un problema, ahora se trata de entrar de lleno en la globalización y de favorecer al extremo al capital internacional (las condiciones de las privatizaciones y concesiones a las multinacionales son de tal forma favorables a sus intereses y carentes de toda precaución que parecieran un regalo, con la sola contrapartida de coimas y favores. Lo que realiza Menem es una globalización de Argentina antes de que ésta se concretase y dejase de ser una ideología. Los beneficios de las empresas internacionales (con carencia total de cláusulas contractuales que les obligasen a reinvertir en el país sus beneficios) salían del país sin que entrasen nuevas empresas después de que se vendiesen los sectores más competitivos.

 

Se estableció una política que pretendía crear un país exportador, con tasas de inflación (para América Latina) tolerables, pero con alta desocupación y bajos salarios. Se creó un mercado interno libre pero con una extrema polarización social.

 

 

Bibliografía

 

-         Aboy Carlés, Gerardo. "Repensando el populismo". CONICET - Departamento de Política y Gobierno. Universidad Nacional de General San Martín. Ponencia preparada para el XXIII Congreso Internacional Latin America Studies Association. Washington D.C. (6 al 8 de septiembre de 2001)

-         Franze, Javier. "Peronismo y menemismo: las manos libres". Cuadernos Hispanoamericanos, nº 545 (Noviembre 1995).

-         Ípola, Emilio de. "Peronismo y populismo. Una nueva propuesta de interpretación." Universidad Nacional de Buenos Aires. Working Paper n. 35 Barcelona 1991.

-         Ípola, Emilio de. "Ideología y discurso populista". Folio Ediciones. México 1982.

-         Laclau, Ernesto. "Política e ideología en la teoría marxista; capitalismo, fascismo, populismo". Siglo XXI. Madrid 1978.

-         Murmis, Miguel; y Portantiero, Juan Carlos. "Estudios sobre los orígenes del peronismo". Siglo XXI. Buenos Aires 1972.

-         Romero, Luis Alberto. "Breve historia contemporánea de la Argentina 1916/1999", Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires 1999.

-         Torre, Juan Carlos. "El proceso político de las reformas económicas en América Latina". Editorial Paidós, Buenos Aires 1998.

Torre, Juan Carlos. "Los sindicatos en el gobierno, 1973-1976". Centro Editorial América Latina. Buenos Aires 1983.

 

 


[1]

El Partido Laborista que había conducido, dentro de una coalición (la integraban también radicales disidentes),  a Perón a la victoria mantenía cierta independencia del candidato. Si bien Perón era el "primer militante" no era su presidente. El PL había sido formado por antiguos sindicalistas imitando al laborismo británico y pese al apoyo a Perón se pretendía que mantuviese su autonomía. Perón lo disolvió con la excusa de evitar peleas partidistas entre estos y los radicales. Poco tiempo después creará el Partido Peronista. Solo el sindicalista Cipriano Reyes se opondrá lo que le costará una dura persecusión. Se trataba de cerrar filas tras su persona e implicaba acabar con los sueños de su autonomía. Al mismo tiempo eliminaba de la jefatura de la CGT a Luís Gay y colocaba en su lugar a alguien de segunda fila y de su confianza. Otra vez más se buscaba que todos los hilos los moviese el líder.

 

[2]

En las luchas entre federales y unitarios (siglo XIX) desde las provincias del interior salían grupos de gauchos a caballo dirigidos por un caudillo local. Realizan pequeñas incursiones, tropelias y asaltos. Por su extracción social son peones de las haciendas del interior, trabajadores eventuales del campo (vaqueros, faenadores, curtidores, esquiladores,…). El que se recurra  por parte de los jóvenes peronistas al termino montoneros para autodenominarse se corresponde no a una real continuación de aquellos conflictos sino a una relación simbólica en la que se resalta su condición de perseguidos y de su oposición al gobierno central.